Bumba meu boi: el otro carnaval del nordeste brasileño

La “resaca de todo lo vivido” en el carnaval de Brasil no termina de disiparse en el estado de Maranhão cuando comienzan los ensayos de la fiesta del Bumba meu boi, ese gran homenaje afrobrasileño a los santos católicos que detona en junio y que tiene origen en la pagana resurrección de un buey. Aquí va la historia.

Texto y fotos: Claudia Ugarte

Voy a contarles una leyenda. Es una que conocí al llegar al centro histórico de São Luís do Maranhão. Caminaba con un grupo de peruanos que —como yo— comenzaban a descubrir la ciudad cuando las cadenetas de colores colgadas a lo largo de varias calles atraparon nuestras miradas y nuestros lentes fotográficos.

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Nuestra visita coincidía con la fiesta del Bumba meu boi, celebración que surge de una historia “mitad real, mitad ficticia”, que tiene como protagonistas a una pareja de esclavos que se lleva al buey preferido del patrón, y a un hacendado, que hace de todo por recuperar a su mamífero.

Pero podemos decir que esta también es la alegoría de un buey que vuelve de la muerte gracias a la unión resucitadora de todas las creencias. Algo así como la versión animal del cadáver que César Vallejo hace resucitar en su poema Masa.

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La historia, cuyos hechos reales datan del siglo 18, es más o menos así: una esclava, Katherina, tuvo como antojo de embarazo comer la lengua del buey favorito de su patrón, y amenazó con abandonar a su marido, Francisco, si este no se lo concedía. El esclavo terminó matando al animal, y cuando ambos tomaron conciencia del lío en el que estaban metidos huyeron con el cuerpo deslenguado del rumiante. Al enterarse, el hacendado solo quiso recuperar a su animal con vida, sin importar si para ello debía invocar —también— a las divinidades no católicas de sus esclavos.

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Bumba, meu boi —“Arriba, mi buey”— se escuchó una y otra vez en todas las lenguas y fue el  rezo que aquella noche llegó a todos los cielos implorados por aquella población (indígena, africana y europea) afincada alrededor de la hacienda marañense. La plegaria multitudinaria tuvo tal éxito que el buey “incorporóse lentamente”, y, desde entonces, “echóse a…” bailar.

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De hecho, el buey sigue danzando. Pero hoy lo acompañan más de cien comparsas, que en una mezcla de teatro musical y fiesta patronal reviven fragmentos de esta leyenda en cinco estilos de baile al son de matracas, tambores y panderos.

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Me bastó recorrer dos de los campos feriales (arraiais) donde se festeja el Bumba meu boi para admirar el contagioso fervor con que cada elenco vibra en el escenario. Millares de danzantes, músicos y concurrentes se confundían a tal punto en que los primeros se convertían en los espectadores de las coreografías que el público repasaba en el escenario. La comida marañense, las cervezas y las caipirinhas no faltaron en esa “fiebre de sábado por la noche”. Tampoco las camisinhas (condones), que estaban a disposición de los que querían continuar la fiesta en privado.

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Me sentí en una especie de carnaval de medio año y mientras intentaba aprender algunos pasos de “boi” —así es como le llaman en general a las danzas de este festival— me preguntaba cómo es que esta apoteosis que comenzó celebrándose cada diciembre fue censurada solo porque le quitaba protagonismo a las fiestas navideñas.

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Pero también saboreaba —entre saltos y vueltas— la habilidad del pueblo marañense para resucitar no solo a un buey del siglo 18, sino también una fiesta afroindígena que con los años se vistió de veneración católica para ganarse un lugar —el más importante— en las celebraciones religiosas de junio —San Antonio, San Juan, San Pedro, San Pablo y San Marcial (santo local aún no canonizado)—, llamadas también Fiestas Juninas.//

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Bonus track: Estilos boi

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“Hay cinco estilos diferentes de bailes en el Bumba meu boi, donde varía la instrumentación, las vestimentas, el tipo de canto, los cuales pueden ser apreciados en los araiales, grandes espacios dentro de la ciudad donde se celebran las fiestas juninas: 1) El estilo de Matraca, donde dos pedazos de madera son golpeados por muchas personas en una especie de ritual mántrico de tradición indígena africana, con personajes principales donde predomina el caboclo y la india. 2) Está el estilo de Orquesta, que es el que surgió últimamente, tocado inicialmente con tambores y percusión al que se han agregado instrumentos de viento, y es el ritmo más alegre o carnavalesco de todos. 3) Está el estilo de Sabumba, donde son tocados tambores, y se asemeja bastante al samba tradicional y es el más africano de todos. 4) El del Pandeirão, donde se tocan unos panderos gigantes y tiene un ritmo más acompasado que el de matraca. 5) Y el estilo Costa de Mão, donde instrumentos percusivos son tocados con la parte trasera de la mano”. (Juan Manuel Pitacco, guía de São Luís)

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