Choquequirao: legado inca que renace entre nubes y montañas

Solitaria y distante entre las cumbres de la cordillera de Vilcabamba, la ciudadela de Choquequirao sigue recobrando el esplendor arquitectónico e histórico que en los últimos siglos ha dormitado bajo sus paredes de piedra y la mata silvestre de la ceja de selva.

Texto y fotos: Claudia Ugarte

El sol cubre muy temprano el valle del Apurímac. El nevado Salkantay,  se impone con sus dos cabezas azules al frente de San Pedro de Cachora. Es desde este pequeño pueblo andino que partiremos hacia la cumbre de Choquequirao, a unos 40 kilómetros de camino de herradura. 01 Cachora es apacible. No es ni de lejos el ancla cosmopolita en el que se ha convertido Aguas Calientes (ahora Machu Picchu Pueblo) –paso obligado para subir a la ciudadela Machu Picchu, la “Hermana Sagrada” de Choquequirao y una de las nuevas maravillas del mundo–. No. Sus pobladores son más bien lugareños y no hay hoteles de cinco estrellas. Aún se puede comprar chicha de jora en casas embanderadas o productos frescos –no transgénicos– en el mercado del pueblo. 02 Estamos en la región Apurímac, en la margen izquierda del río del mismo nombre. El cielo es de un azul intenso con nubes que parecen pintadas en óleo. Tras once kilómetros de recorrido –que hemos hecho en auto gracias a la amabilidad de un poblador– llegamos al camino de herradura que se inicia en las alturas del mirador de Capuliyoc, a 2,800 m.s.n.m. Nuestras mochilas inician su propia travesía sobre las mulas de carga. Es hora de preparar las piernas para un descenso de cinco horas hasta llegar al nivel del río Apurímac (1,400 m.s.n.m.), en el kilómetro 21. 03 Mientras nos internamos en uno de los cañones más profundos de América, observamos cómo la vegetación andina va cediendo paso a la exuberancia amazónica. La suntuosidad de las cordilleras hace olvidar la distancia y el cansancio. ¿Qué pensamientos atraparían a los antiguos peruanos mientras caminaban a la ciudadela primero para construirla, y luego para habitarla?, ¿a qué estrategia respondería la búsqueda de una morada, militar o religiosa, que rozara las nubes en cada amanecer y se bañara de oro en cada tarde?, ¿cuánto misterio esconden aún esas piedras sobre piedras, que pudieron haber sido la puerta del Valle Sagrado de los Incas? 04 CUNA DE ORO Choquequirao, ese lugar, cuyo nombre extraño tiene la mezcla de dos idiomas ancestrales como son el aymara “chuqui” (oro) y el quechua “k’iraw” (cuna), combina también una variedad de ecosistemas que enriquecen aún más la frondosa flora y fauna. 05 Se dice que la ciudadela servía de nexo para facilitar el comercio entre Cusco, la capital del imperio inca, y las comunidades de la selva, a las que jamás pudieron anexar. Entre el mirador de Capuliyoc y la playa ribereña a la que descenderemos se encuentra Chiquisqa, un caserío donde se puede comprar frutas, galletas o chocolates, tomar un baño o descansar en la zona de camping. Las rodillas están cansadas pero hay que seguir. El repelente se desvanece rápidamente y unos palos de carrizo han venido en nuestro auxilio a falta de los olvidados bastones de trekking. La meta es descansar en la orilla del Apurímac. ÚLTIMA MORADA 06 La luna se asoma en el cielo andino. Esa misma luna que fue cómplice de los desplazamientos secretos del último Inca, en la segunda mitad del siglo XV. Es entonces cuando recuerdo que por 36 años resistieron Manco Inca y sus hijos a la invasión española en aquella ciudadela construida por Pachacútec –y en otras moradas del valle de Vilcabamba– hasta la ejecución de Túpac Amaru I, en 1572. ¿Cuántas noches de insomnio habrán tenido en medio de esas montañas aquellos últimos incas rebeldes? Bajo ese cielo negro donde las estrellas parecen asequibles, decidimos alargar nuestro recorrido. Recorrer unos kilómetros más bajo la penumbra para ahorrárselos al sol del día siguiente. Cruzar el río de noche es otra aventura. Una oroya (una especie de canasta hecha de madera y sogas) nos espera para pasar de dos en dos hacia la margen derecha del Apurímac, y hacia la cálida región Cusco. Después de cruzar el río, es hora de subir desde los 1,400 m.s.n.m. hasta el caserío Santa Rosa, 600 metros más arriba. Rolan, el guía, nos alienta para no abandonar. De apellido Cobarrubias, se anima a revelarnos que es descendiente directo de los primeros habitantes que redescubrieron la ciudadela a principios de 1900. Sus abuelos habrían guiado a Hiram Bingham, según las leyendas familiares, hasta la cima de Choquequirao, donde solo se podía ver parte de las construcciones más importantes del complejo arqueológico, ya que este estaba casi enteramente cubierto por la vegetación silvestre de la zona. Esto llevó al estadounidense a decidir que Choquequirao no era la ciudad perdida de los incas, pocas semanas antes de llegar a Machu Picchu. 07 SEGUNDO DÍA Hasta el caserío Santa Rosa hay que subir durante tres horas.  Un descendiente de los Cobarrubias nos recibe y nos hospeda durante el resto de la noche. Debemos salir de madrugada para ganarle al sol. “Cuando el sol está fuerte ni los arrieros quieren subir”, nos había advertido una lugareña. Desde Santa Rosa hasta el Parque Nacional de Choquequirao se puede descansar todavía en el caserío Marampata, ya a pocos kilómetros de la ciudadela. Pero nuestra meta es acampar en la zona de camping más cercana del complejo, unos dos kilómetros antes de la plaza central. 08 La tarde es dorada y pocos metros nos separan de la zona de andenería del complejo arqueológico. Minutos después la perfección comienza a notarse, se puede ver algunos andenes en las pendientes empinadas que miran al río. Las condiciones atmosféricas en ese lugar son privilegiadas y lo supieron nuestros ancestros. El clima es templado pero los vientos vespertinos son bastante fríos. Esas características fueron y siguen siendo aprovechadas por los agricultores andinos. Hacia la tarde y cuando el sol amenaza con esconderse detrás de las montañas y las nubes densas de los Andes, desde una cima al fin nos saluda una soleada construcción de piedra. Los últimos rayos alumbran justo la cima donde se acuesta Choquequirao. La plaza central de la ciudadela se extiende en verde brillante ante nuestros ojos. Nos invade una extraña emoción. A medida que recorremos la ciudadela sabemos que la larga caminata ha sido ampliamente recompensada. Solo queda espacio para la admiración. 11 SU ARQUITECTURA Si algo caracterizó la arquitectura inca es su gran tecnología, su sencillez en las formas y sobre todo su armonía con la naturaleza. Hay en Choquequirao nueve zonas de piedra construidas como pequeñas aldeas alrededor de una gran plaza central. Algunas de estas zonas ya están identificadas: la plaza superior (Hanan), los depósitos (Qolqa), la plaza principal (Huaqaypata), la plaza inferior (Hurin), el sistema de andenes de cultivo que se ubican muy cerca de la plaza principal (Chaqra), la plataforma ceremonial (Ushno) y la vivienda de los sacerdotes en la parte baja del complejo. 09 Las edificaciones más saltantes son de dos pisos. Dos se encuentran en la plaza principal, una de ellas habría sido la morada de Manco Inca, y otra del curaca y sus aprendices. No están techadas, y ello permite apreciar mejor la semejanza arquitectónica con las construcciones de Machu Picchu. Un canal para el regadío nos recuerda la grandeza de los ingenieros incaicos. 16 Pero eso no es todo. En la denominada “zona de las llamas” existen una treintena  de grabaciones en piedra blanca en forma de estos animales colocados de manera uniforme en los 15 andenes que formado una especie de puerta de entrada al Valle Sagrado, según arqueólogos. 15 MÁS GRANDE QUE MAPI Aun no se puede ver la inmensidad de las 1,810 hectáreas de la ciudadela, solo el 30% ha sido rescatado. Nos dicen que Choquequirao será tres veces más grande que Machu Picchu y nos parece difícil imaginar el interés que despertará cuando sea accesible no solo para caminantes obstinados sino para apurados viajeros que prefieran la ruta del futuro teleférico, a fin de reemplazar los dos días de caminata por una travesía de apenas 15 minutos desde el distrito de Huanipaca (justo al frente de Choquequirao). El guía nos cuenta que muchas personas optan por hacer la caminata desde este distrito pues la ruta es evidentemente más corta, sin embargo, varios pobladores coinciden en que también es la ruta más peligrosa, pues no solo es más empinada sino que carece de fuentes de agua. 14 Algunos viajeros con los que nos topamos en las construcciones de piedra nos cuentan que harán la ruta de trekking hasta Machu Picchu, un tramo de 6 días que pese a sus dificultades tiene la enorme fortuna de pasar por caminos incas y el hermoso nevado Yamana. 13 En la plaza central de alfombrado verde, un turista francés escribe en un cuadernillo quizás sus impresiones o alguna reflexión personal. Algunos otros emprenden la ruta de regreso en medio de la paz que solo puede ofrecer una cumbre silenciosa y apartada del mundo. 12 Embriagados de tanta belleza paisajística y riqueza arquitectónica, también nosotros debemos regresar al campamento. Mañana podremos volver y apreciar sus muros bajo la luz de la mañana. 17 Luego retornaremos a Cachora a través de los caminos zigzgeantes, frente a imponentes nevados e interminables  abismos, olvidando el cansancio de la caminata en cada caserío y dejando atrás los helechos tropicales para retornar al ichu andino del otro lado del Apurímac. 10 MÁS DATOS TELEFÉRICO EN PROYECTO La caminata por los caminos de herradura es hoy la única forma de acceder a la ciudadela de Choquequirao. La ruta más conocida es la descrita en esta crónica, desde el poblado de Cachora, a dos horas de la capital de Apurímac, Abancay, en el km. 154 de la carretera que sigue a Cusco. También se puede ir por otros poblados, pero la ruta (aparentemente más corta) es más accidentada y carece de caseríos y agua. Frente a estas dificultades y debido al mayor interés de turistas por conocer esta maravilla, el gobierno peruano ya inició el proceso de licitación de un sistema de Teleférico –el primero en Perú– que partirá del centro poblado de Kiuñalla, en el distrito de Huanipaca, en Abancay (justo al frente de Choquequirao), hasta una zona cercana a la ciudadela. El teleférico cruzará a 1,400 m sobre el río Apurímac, y sus 5 km. serán recorridos en 15 minutos. Transportará a un total de 400 pasajeros por hora. Actualmente la región Cusco reclama que el gobierno no le haya consultado sobre la obra que compartiría con la región Apurímac.

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