Un Perú sobre el diván: en busca de la identidad perdida

Si el Perú pudiera sentarse sobre el diván de un psicoanalista y hablar (a través de la asociación libre) de sentimientos perturbadores y sucesos conflictivos que lo marcaron, relajaría en parte la ansiedad que le produce la búsqueda de una identidad que oscila entre el rechazo o la discriminación y el fervor a modelos ajenos. 

perudivan

Ni blanco, ni negro, ni indio. Los peruanos somos un poco de cada uno, según nos convenga. Si nos damos un paseo por la sierra quizás nos sintamos más cercanos a nuestros paisanos de las alturas, pero esa emoción desaparece cuando nos damos una vuelta por alguna zona exclusiva de la capital o nos codeamos con algún miembro de la “alta sociedad”.

Y aunque el Perú como país no pueda someterse a un psicoanálisis, siempre se pueden hacer especulaciones basadas en las teorías de Freud, nos dice uno de sus partidarios, Alberto Péndola Febres, para quien los peruanos mostramos emociones que van desde el resentimiento por la invasión española hasta una exacerbada defensa de lo hispano (como único referente legítimo de nuestra cultura), sin poder integrar ambos extremos.

En otras palabras, el Perú está escindido (dividido) y cuando alguien dice con orgullo “yo soy más blanco que tú” o “yo sí soy cholo recio”, o con repudio: “calla, serrano de m…”, o “calla, blanquito maricón”, lo único que hace es poner en relieve la no integración de su identidad y la perturbación que le produce haber “escindido” en “bueno” y “malo” ambas partes de sí mismo.

“Cuando pretendemos situarnos como andinos, antes del encuentro, antes de la unión sexual entre conquistador extranjero y conquistada andina, es como si dijéramos ‘yo estuve presente antes de ser concebido por la unión de mis progenitores’. Parece que esa fantasía nos toma colectivamente, en demasía, y no podemos aceptar la evidencia de que nacemos a partir de ese encuentro, no antes sino después, acudiendo para no aceptarla, no sólo a reprimir, sino a renegar y hasta repudiar el Encuentro”, escribió alguna vez Péndola.

Entre la obediencia y la rebeldía

“Como dice María Rostworowski, ‘todos somos cholos’ y eso es bueno en el sentido en que todos somos mestizos étnica o culturalmente, de esa forma nuestra identidad se está redefiniendo y revalorando hacia el camino en que hoy lo hace Mèxico, por ejemplo. Ellos resaltan lo mestizo (la integración) y aunque acá nos falta una buena cantidad de años para eso, el futuro va por allí”, nos dice hoy el psicoanalista.

Sin esa integración, “seguimos siendo un país de subdesarrollo con las crisis que sufre por ejemplo un adolescente jovencito, que en el mejor de los casos se debate entre la obediencia y la rebeldía”, agrega, “esa desintegración se ve en todo momento, basta ver en el Congreso, si alguien habla en quechua, salta alguien como la doctora Hildebrandt y dice que no es posible que se hable en quechua, cuando no sólo es nuestro idioma oficial sino que lo habla un gran porcentaje de peruanos”.

El debate del que nos habla Péndola, se traduce también en la multitudinaria informalidad en que vive el país. Transporte pirata, comercio ambulatorio, empresas informales, construcción de viviendas sin licencia, contrabando y piratería son algunas facetas que también identificamos como “cultura chicha”, la del más vivo, la de ese que siempre quiere sacarle la vuelta a la ley (aunque pueda respetarla), la del que no paga su pasaje o no devuelve el vuelto de más, del que se queda con la “cutra” o la del que recibe una “coima” sin remordimientos.

“Otra vez volvamos al Congreso, y veamos como ejemplo a los famosos otorongos que contratan a trabajadores fantasmas, familiares o cercanos no capacitados”, comenta.

Identificación con el agresor

Las constantes huelgas son otro reflejo de esa desintegración. Muchas de ellas se producen para hacer respetar una ley ya existente, que nunca se puso en marcha, mientras que otras surgen para tratar de imponer normas propias. Y es que ninguna regla, autoridad o sistema económico parece del agrado de la mayoría, y menos en el Perú, donde infringir la ley parece un hábito generalizado.

En ese escenario, nos dice Péndola, “todos queremos identificarnos con el mandón, queremos ponernos por encima de los demás y hacer lo que nos da la gana. Se llama identificación con el agresor. Entonces pisoteo a los demás y los otros me obedecen porque yo soy el mandón de turno. Es común escuchar entre la gente: ‘Usted no sabe con quién está tratando”, “¿sabe quién soy yo?”, o “no sabe con quién se ha metido”.

El papel de los medios

En casos más extremos, esta actitud puede tener una carga tanática más agresiva y desarrollar rasgos psicopáticos (=que siempre hacen daño) como el delincuente o el drogadicto que se adueñan de la ciudad, y a través de robos y asaltos constantes generan una sensación de inseguridad masiva, de suma desconfianza (paranoia), lo que contribuye, otra vez, a la desintegración social.

En esto tienen mucho que ver los medios de comunicación, “que ocupan un lugar importante en la sociedad, pero lamentablemente privilegian una cultura ‘Magaly’. En el caso de la televisión la influencia es más relevante, ya que el ser humano al ‘ver’ tiene la convicción de una realidad absoluta aunque lo que vea sea una mentira”, comenta Péndola.

Y aunque lo que veamos en televisión sólo realimente lo que vemos en nuestra vida diaria, su énfasis mediático favorece a esa sensación de miedo constante que caracteriza a un gran segmento de nuestra sociedad.

La búsqueda del padre

Una de las cualidades del psicoanálisis es que a partir de los rasgos de personalidad y los mecanismos de defensa que uno desarrolla, puede develar los conflictos inconscientes y perturbaciones que tal vez por la edad no fuimos capaces de elaborar o asimilar antes (y que se manifiestan en complejos, manías o fijaciones).

En el Perú, como hemos visto, la pulsión de agresión (que muchos identifican como pulsión de muerte) es un rasgo que surge como reacción a la frustración, como mecanismo de defensa ante la escisión de la identidad. En otras palabras, somos agresivos en la medida en que nos sentimos marginados y no respetamos la ley porque ella no nos representa.

Se da cuando por ejemplo el “cholo” del salón resuelve acabar a golpes con la burla de sus compañeros. Pero ese niño además puede quejarse ante la autoridad escolar y, cuando esta no responde, codearse con algún cabecilla dentro o fuera del colegio, para obtener protección y legitimidad.

Esto se repite en la sociedad, cuando por ejemplo, la masa popular recurre a líderes transitorios (“el mandón del momento”) o a gremios que puedan canalizar (y legitimar) su resentimiento a través de protestas, ya que solos se sienten excluidos (disminuidos, no escuchados).

Y se observa también cuando alguien prefiere recurrir a instancias internacionales cada vez que la ley interna no le da la razón.

Péndola cuenta que el primer caso registrado “de esta apelación al exterior (de esta búsqueda de legitimidad otorgada desde afuera)”, se dio con la carta que Guamán Poma de Ayala envió al rey Felipe de España (para pedirle reconocimiento en el virreinato), pero que nunca llegó y fue encontrada recién en 1908 en Copenhague.

En ella se detecta la orfandad y el desamparo de Guamán Poma, quien al igual que el limeño de primera generación (hijo de provincianos) nace en condiciones de desestructuración de su grupo. Por ello tiene que legitimarse (ser incluido, adoptado), legitimando una ascendencia, como lo hizo Guamán Poma al exaltar a su madre ‘quechua’, e ignorar tajantemente al padre ‘wari’ (pueblo derrotado por los Incas).

Hoy “parece que todavía seguimos en la búsqueda de un padre y en vez de mirar en nuestro interior como nación para encontrarlo y recobrarlo, queremos infructuosamente que nos adopte algún padre externo, que como el Rey de España con Guamán Poma, ni se entera ni le importa”, escribió el también psiquiatra en su libro “Mitos andinos y psicoanálisis” (2002).

Heridas que no cierran

Pero la orfandad y la búsqueda de un padre universal no es la única herida que el Perú no ha sabido cicatrizar. Marcas más recientes no terminan aún de elaborarse y sólo van acumulando más ira y resentimiento.

“Hablamos por ejemplo de las víctimas del terrorismo y del peor gobierno que ha tenido el Perú con Fujimori, caracterizado por una sistemática corrupción, robo y vejación hecha por el dúo dinámico (Fujimori-Montesinos)”.

En cuanto al terrorismo, “las heridas no se han curado porque no se han seguido consecuentemente las recomendaciones de la CVR. Sólo en la medida que estas se cumplan empezará un lento proceso de cicatrización y de perdonarnos todos, unos porque no hicimos nada y otros porque hicimos poco a favor de las víctimas y aquellos que procedieron mal tienen que arrepentirse y pedir perdón”, explica el médico.

Volvemos al irrespeto a las normas, a no cumplir con lo prometido. Más ira, más resentimiento. Más agresión.

Educando al perro del hortelano

Freud descubrió la pulsión de muerte al contemplar un juego repetitivo de su nieto, quien para no sufrir la ausencia temporal de su madre, inventó la forma de reemplazarla en un juguete que hacía alejar y acercar, aparecer y desaparecer (el famoso juego del carretel).

Y aunque tardó un poco, Freud se dio cuenta que el mismo mecanismo se daba en otras personas que solían repetir lo que precisamente les causaba dolor. Quizás con la esperanza de que en algún momento fuera diferente.

A este mecanismo defensivo le llamó “repetición compulsiva” y podemos observarlo por ejemplo en mujeres que tienen la “mala suerte” de siempre toparse con un hombre casado, o personas que pasan de una adicción a otra, o en quienes siempre fracasan justo cuando están a punto de llegar a su meta.

¿Conocido verdad? Lo último es algo que caracteriza a la historia peruana, pasó con la era del caucho y la del guano, siempre que estábamos en la puerta de salida del subdesarrollo nos perdíamos en el laberinto de nuestros problemas internos no resueltos, alentados además por segmentos que no comen ni dejan comer.

“Ese es una constante. Ojalá que no nos pase esta vez, parece que nos queda muy grande el triunfo permanente”, comenta el psicoanalista.

La estadística asusta cuando nos encontramos en una época de crecimiento económico nunca antes visto y empezamos a notar ciertos movimientos sociales que sólo crean más baches en el camino.

–¿Cómo sacudirnos de ese papel de fracasados, de perdedores?

– Aunque fue un dictador, Manuel Odría hizo un lema famoso: “Salud, educación y trabajo”, el cual yo cambiaría por Educación para la salud, educación para el trabajo y educación para la democracia. Con ello, se resuelve por un lado, el problema de la desnutrición, porque sabríamos cómo alimentar a nuestros hijos, el problema de la baja capacidad laboral, y el del irrespeto a las normas, responde Péndola.

Para él la educación es el punto más sensible y el que nos enseñaría a corregir nuestros errores, mejorar nuestra autoestima, dejar a otros que se superen (matando al perro del hortelano) y a superar nuestras propias frustraciones, no necesariamente sobre un diván.

“Lo que se necesita es una inversión sistemática, consistente y persistente en educación, que sea la principal tarea de Estado de este gobierno y el siguiente. Y no se trata de construir aulas, sino de tener a los mejores profesores y para ello hay que entrenarlos, educarlos y evaluarlos”, añade.

El psicoanalista pone de ejemplo a algunos deportistas que con disciplina (respeto a las normas) han logrado metas concretas, como Luis Horna y Sofía Mulanovich. “Incluso los jugadores de fútbol, que afuera juegan bien porque se someten a las normas o no los dejan jugar más”. Es con estos modelos con quienes deberíamos identificarnos y a quienes deberíamos seguir de ejemplo.

“Por eso, si Alan García, después de lo del TLC, sale con una nota aprobatoria en educación (es decir, logra aumentar la calidad educativa), para mí el hombre pasó a la historia (y limpia su gobierno anterior) porque ese es el tema más relegado y la evidencia de que no nos importa el país. Mira lo que ha pasado en Irlanda y en otros países que tenían nuestro nivel educativo y en 20 o 30 años han salido del subdesarrollo”, concluye.

RECUADRO: Algunos personajes en la mira:

Alberto Fujimori:

Con todo cinismo, pretende negar ahora (como si fuéramos caídos del palto) su relación con Montesinos. Y su cinismo es tan grosero que provoca ira, rechazo, burla. Obviamente está jugando para las cámaras, está jugando de heroico para tener un número de votos que sí los va a tener, pero no para él (porque por las evidencias seguro va a estar guardado mucho tiempo), sino para su hija y para lograr una buena cantidad de parlamentarios que negocien su libertad en el próximo parlamento.

En su caso es un psicopático y un mentiroso total. Su único mérito fue tomar la decisión política que no tomaron ni Belaunde ni Alan García, pero la tomó de tal forma que había una agenda oculta, secreta, una lucha a muerte sin respeto a los derechos humanos y ahí es donde perdimos todos.

Lourdes Flores:

Lourdes puede ser una persona honrada, honesta e inteligente pero le falta “calle” totalmente. Por ejemplo, contrata como asesora de imagen en el Perú a una colombiana, y segundo elige mal a sus parejas políticas (sus novios políticos), porque todos la abandonan (como si en realidad no quisiera casarse con la política).

Lo que creo es que sigue de “novia idílica” de su padre, como se dice en psicoanálisis, del cual nunca se ha “divorciado”, sigue de hijita buena, seria, obediente, por eso no hay novio real conocido y los novios políticos le fallan, en otras palabras, le falta “pecar”.

Alan García:

Alan García se la almorzó porque el sí tiene “calle”, desde el vientre, con los dos padres apristas, ha mamado aprismo, eso no se puede improvisar, eso no se estudia con libros, eso y su gran oratoria le han dado la posibilidad de triunfar. Por otro lado, hay que tener en cuenta que ahora está como “Caballo Viejo” pero hay que estar alerta porque en cualquier momento se puede lanzar a galopar y vuelve a ser “caballo loco”, cuidado con eso.

Ollanta Humala:

Humala puede explotar el resentimiento pero allí queda. Es un recién llegado a la política. Y si el 2011 se presenta y saca más votos es porque fallamos como gobierno. Lo importante es mantener la democracia, y Humala es un Chávez, un gorila.

Publicado en Suplemento dominical “Estampa”, del diario Expreso, 2008

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