El nuevo rostro de Lima: del criollismo a la cumbia

El balneario no era ya otra cosa que una prolongación de Lima, con todo su tráfico, su bullicio y su aparato comercial y burocrático. Quienes amaban el sosiego y las flores se mudaron a otros distritos y abandonaron Miraflores a una nueva clase media laboriosa y sin gusto, prolífica y ostentosa, que ignoraba los hábitos antiguos de cortesanía y paz y que fundó una urbe vocinglera y sin alma, de la cual se sentían ridículamente orgullosos (Julio Ramón Ribeyro).

criollismo

Aunque sigue siendo gris, Lima dejó la elegancia lenta del vals y se mueve ahora, cuando está a punto de cumplir 473 años, al ritmo estridente y afanoso de la cumbia. Su fisonomía dejó de ser plana y ahora apunta al cielo con una mirada menos pálida y más andina.

Fue hace mucho que Lima empezó a transformarse dejando atrás a las muchachitas ingenuas de traje lila, con sus perendengues y sus marimoñas, y a los caballeros de fina estampa. Dejando atrás también la pasividad provinciana que movía a la Lima de los setenta y que ahora arranca suspiros a sesentones convencidos de que todo tiempo pasado fue mejor.

Sin embargo, aunque no quiso darse cuenta, ya en los setenta, el huaino y la cumbia andina se habían instalado, como una “corona” más, en el círculo que bordeaba al casco urbano de la capital.

“Desde los 50 se formaron los primeros asentamientos humanos como San Martín de Porres y San Juan de Miraflores, que ahora son distritos totalmente estabilizados, pero con una estabilización que se da dentro de una abundancia de inmigrantes”, comenta el historiador, Manuel Burga.

Su experiencia como docente y ex rector de San Marcos le ha dado las pistas suficientes para saber que esta población de inmigrantes y limeños de primera generación (hijos de inmigrantes) –que en un salón de clases llegan a ser el 90%– son el motor de “una ciudad que tiene un rostro cada vez más nacional”.

Entre el caos y el progreso

Mario Vargas Llosa dijo alguna vez que “toda la literatura peruana podría dividirse en dos tendencias: los endiosadores y los detractores de Lima. La verdadera ciudad probablemente no es tan bella como dicen unos ni tan atroz como aseguran los otros”.

Para Manuel Burga, desde que “el presidente Augusto B. Leguía, tarmeño de nacimiento, permitió y fomentó de alguna forma las inmigraciones y la creación de asentamientos humanos y ‘barriadas”, Lima no sólo ha experimentado un caótico crecimiento horizontal, sino también un positivo dinamismo nunca antes visto en la Ciudad de los Reyes.

“Gran parte de lo que circula en Lima proviene de estas zonas de inmigrantes e hijos de inmigrantes. Son ellos por ejemplo los que tienen un gran protagonismo en la micro, pequeña y mediana empresa, y los que han dado lugar al surgimiento de los grandes centros comerciales como el Megaplaza. Se diría que son ellos los que mueven a la ciudad y le dan dinamismo a la vida limeña”, agrega el historiador.

Una mirada a las calles confirmaría lo que dice Burga pero también nos recordaría el caos urbanístico que provocó la inmigración y que las autoridades no vieron (o no quisieron ver) venir.

“Si bien las inmigraciones se estabilizaron en los sesenta y setenta, a partir de los 80 hubo un nuevo flujo migratorio compulsivo, con el traslado de las poblaciones campesinas desde las zonas de violencia hacia la capital. Así aparecen Nuevo Ayacucho y Huaycán”, recuerda, pero aun cuando este fenómeno ya no podía asolaparse con celebraciones llenas de criollismo costeño y valses que le cantaban a una ciudad que ya no existía, nada se hizo por darle respiro al caótico transporte y evitar que el verde de la Ciudad Jardín se siga transformando en cemento.

El cielo es el límite

Sólo cuando Lima empezaba a ahogarse en un mar de problemas que tenían que ver con el aumento de la población, y cuando estos nuevos millones de pobladores ya habían trazado sus propias políticas de crecimiento con pueblos jóvenes de nombres tan pintorescos como las expresiones artísticas y culturales que nos fueron contagiando (o heredando) a fuerza de convivencia, alguien decidió que algo se podía hacer por la ciudad.

“Lima creció sin ninguna planificación producto de invasiones y procesos urbanizadores no organizados, es por eso que a mediados de los noventa se decide densificar la ciudad para que crezca hacia arriba. Sin embargo, esas decisiones han sido igualmente improvisadas y sin sustento técnico”, apunta el arquitecto Guillermo Benvenuto.

Es así que “Lima comienza a tomar la imagen de Río, de Sao Paulo”, interviene Burga, quien enfatiza nuevamente que el sector que ha movilizado esta construcción vertical es el de los nuevos limeños. “Sólo hay que echarle un vistazo a los préstamos hipotecarios”, nos dice.

Desde su sillón como gerente de la Regional Lima del Colegio de Arquitectos del Perú, Benvenuto rescata que ahora se respete un poco más las áreas verdes, pero reclama que se tenga más cuidado “con la calidad de vida de los ciudadanos que ya viven en determinados sectores donde se empieza a densificar”.

“Se está aumentando el flujo de población pero no los servicios públicos y mucho menos las áreas recreativas. No existe lo que se conoce como recuperación o reingeniería urbana”, revela.

Lima, ciudad viviente

Pero no sólo densificar con respeto ayudaría a menguar la problemática urbanística que surgió con la inmigración. También hay que equilibrar proporcionalmente la vida doméstica y empresarial en lugares como el centro de Lima, “que se ha llenado de tantas oficinas que pareciera tener sólo 12 horas de vida, ya que las otras 12 horas las deja a la prostitución, al pandillaje y la delincuencia”, plantea.

Y hay que controlar además el crecimiento desmedido de los grandes centros comerciales, que si bien para Benvenuto aún no causan problemas urbanos, empiezan a tugurizarse, dejando reducidos los espacios al aire libre y las playas de estacionamiento.

Permeabilidad al ritmo de cumbia

Los contrastes siempre han sido parte de una ciudad, pero en Lima algo se ha ido fusionando y tiene mucho que ver con la cumbia que hoy bailamos todos.

Así como a mediados de los noventa la ciudad fue elevando sus techos, desde mucho antes también fue filtrando todo lo que su alrededor se había instalado.

Tal vez lo notó primero esa mujer de clase media que empezó a escuchar la misma música que su empleada, o el patrón que comenzó a entender que tenía las mismas ansias de éxito que sus obreros.

O quizás los hijos de esa generación, quienes vieron cada vez más cerca esos fosforescentes letreros que anunciaban a grupos folclóricos y tropicales y que unían en un mismo escenario no sólo a artistas vernaculares con cantantes de salsa o merengue, sino a los seguidores de ambos.

Lo cierto es que en algún momento el limeño de siempre empezó a hacer suyo lo andino. Pero algo pasó a la vez con el inmigrante, cuyos reparos a lo occidental fueron mermando a medida que la universidad de la capital se convertía en el código salvador de la familia y a medida que los clubes provinciales, tan prósperos hasta los ochenta “fueron absorbidos dentro de la conformación de los distritos limeños”.

“Creo que San Martín de Porres ya no está pensando en Huánuco o Tarma, sino más bien en sí mismo, bajo una identidad más homogénea”, apunta Burga.

Ciudad periférica

Es esta permeabilidad la que ha originado, según el historiador, una identidad construida ya no desde el centro de la ciudad hacia los distritos colindantes (como se construían las sociedades aristocráticas), sino desde las extremidades, donde se ubican estos sectores emergentes, hacia el centro.

En ese trance, y siguiendo el mismo camino, es que la cumbia andina, filtrada y fusionada con otros ritmos, se perfila a robarle protagonismo a la música criolla en las celebraciones de aniversario en los próximos años, pese esta última no tiene menos adeptos.

En fin, según Manuel Burga, Lima sigue siendo “una ciudad caótica y peligrosa, pero con muchos sectores de familias inmigrantes que constituyen una expectativa para el futuro por su dinamismo y creatividad”. Son ellos los que, para bien o para mal, van marcando la pauta del desarrollo de la capital y si ahora Lima se mueve al ritmo de cumbia, ¡a bailar se ha dicho!

Publicado en Suplemento dominical “Estampa”, del diario Expreso, 2008

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s