Una comedia americana más (Hairspray)

Injustificado. Nunca se entiende por qué fue necesario travestir a John Travolta para interpretar a una típica ama de casa de los sesenta habiendo tantas “afortunadas mujeres” que pudieron hacerlo muy bien. Ni siquiera el baile final frente a cámaras justificó tal inútil herramienta de marketing.

No es que lo haya hecho mal. Es más, así como él, la aparición de figuras como Michelle Pfifer, Christofer Walken o Queen Latifah realzaron una historia que se hubiera perdido entre los títulos de la cartelera sin la presencia de estas estrellas, pero de allí a ver la voluptuosidad de Travolta sobre tacones quizás sólo sirva para postular a algún premio de maquillaje.

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Tampoco encuentro razones para insistir en seguir haciendo remakes (de éxitos o fracasos) cuando no se aporta algo más que una repetición. Y es que Hairspray sólo agrega nuevas pelucas y trajes a la versión de 1988. No se aprecia una evolución en el lenguaje cinematográfico o en la fotografía, que es más bien sobria. Tampoco la trama se reviste de complejidad, más bien opta por mantener un tinte rosa y sin relecturas, en la línea –tal vez– de aquellos programas y series de Disney Channel, que se han mantenido sin mayores cambios desde hace varias generaciones.

Es cierto que algunos temas como la segregación social (entre blancos y negros) o la búsqueda del éxito o el reconocimiento a través de la fama (aunque sólo fuera por quince minutos) son temas que siguen insultando a la sociedad (adolescente) norteamericana, sin embargo creo que se pudo improvisar algunos detalles o nuevas anécdotas a fin de romper con la monotonía de un musical pasado de moda.

Incluso se pudo jugar más con las coreografías, que no pasaron de algunos pasos aprendidos en escenarios muy planos.

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Algo que sí fue atinado, en cuanto a los personajes, es ver a Pfifer divirtiéndose en su papel de villana de cuento de hadas y a Queen Latifah peleando, una vez más, por los derechos y libertades de los negros, aunque esta vez lo haga cantando.

En resumen, faltó mostrar la evolución que el género musical ha ganado con la tecnología visual que hoy abunda. Esta comedia no dejó de ser una más de tantas americanadas que emiten a diario por televisión, con la novedad, eso sí, de saber ya cómo luce Travolta con enormes tetas y trasero de vendedor de humitas. Una más para ver o dejar de ver, donde no podría faltar el insufrible y triste final feliz.

Publicado en el blog También los cinerastas empezaron pequeños, 2009.

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