Sensualidad de cliché (Carmen)

Sin un clímax interesante, lo único que consigue el cineasta catalán Vicente Aranda con uno de los personajes favoritos del cine, “Carmen”, es una secuencia monótona de imágenes que no logran congeniar del todo y que está llena de poses inconvincentes.

Carmen, la cigarrera, la ladrona, la puta, la ardiente mujer creada para la literatura por el francés Prosper Mèrimé (en ocho días), se convierte, bajo la visión de Vicente Aranda (y del soldado que narra la historia) en una mujer menos frívola que en sus anteriores versiones, pero más confusa, más contradictoria.

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Es con este papel que Paz Vega se regodea ante la cámara de Paco Femenía y muestra la sensualidad más descarnada que puede, pero para su mala suerte la falta de creatividad hace que la constante desnudez de Carmen se convierta en una fotografía repetida e insípida, con prendas que se deslizan sobre su torso, y que dejan ver unos glúteos perfectos que después ya no sorprenden. Sólo una variante puede hacerse apreciar casi al final de la película, cuando ella está seduciendo a un matador de toros muy codiciado. Un pequeño respiro.

Allí queda la sensualidad, el escaso erotismo, el resto es una sencilla recreación de las calles sevillanas del siglo XIX con vivencias cotidianas poco atractivas, pero que van soltando todo lo misterioso y extraño que puede resultar ese personaje bajo los ojos enamorados de José Lizarrabengoa, un sargento navarro destacado en Sevilla que va construyendo una figura a base de retazos incomprensibles pero bellos dentro de su sordidez. Es él el protagonista y no podemos ver a Carmen sino a través de sus ojos, aunque haya un filtro de por medio, uno que hará perdonar una y otra vez sus traiciones y que la odiará con amor hasta desaparecer en la autodestrucción. Pero José (el argentino Leonardo Sbaraglia) no convence. Resulta casi inexpresivo para alguien que debe mostrarse, más que apasionado, desquiciado, por el amor que no puede tener sólo para sí.

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La recreación no es mala y ayuda a darle fuerza a los personajes. Pero la película se torna aburrida, tal vez por lo descriptiva que resulta y por una narración poco fluida y que hace uso de una voz en off por momentos prescindible. Es así que la autodestrucción que va sufriendo el personaje militar se ve entrecortado.

Lo más interesante de la película le pertenece a la novela de Mèrimée y es la relación mutuodestructiva que se genera entre José y Carmen, en la que ella busca protección y autosuficiencia y él, pasión y posesión. Ella lo necesita pero se harta y debe seguir volando. Él la quiere sólo para sí y debe soportar verla con sus amantes, siendo él mismo uno de ellos. Él se va degradando pero no por culpa de ella, quien lo reta todo el tiempo a burlarse de las normas y de sus propios valores, sino por él mismo, al no ser capaz de sacársela de la cabeza y por creer que sólo de esa forma podía satisfacerla. En “Carmen” se ve todo el daño que puede generar un enamoramiento maligno, en el cual uno se desecha por el otro y al final ya no le queda nada que entregar. José no es una víctima de Carmen, él es su propio enemigo y eso lo deja ver Aranda, aunque sutilmente.

Una mirada diferente es la del escritor francés, quien aparece en la película como un forastero que se cruza en la vida de José más de una vez. Primero cuando se deja atrapar por la imagen de José como un criminal fugitivo pero de talante sensible, luego cuando este es condenado a muerte por sus delitos. El francés, que también conoció a Carmen, siente el apasionamiento de ese hombre que ahora está postrado en una cárcel, lo entiende, pero no puede sentir lo mismo por la sevillana. La describe con la sensualidad que encuentra en la poesía y con la lejanía de alguien que ha recorrido el mundo y encontrado a sus personajes más apreciables y fugaces. Es seducido por esa mujer de cabellos y ojos negros, labios y pechos rosados, y manos y cutis blancos, pero la instrumentaliza como adorno del mundo, le roba su misterio de gitana y se entrega a la aventura de conocerla aunque sea un poco. Pero sin compromisos.

Lo mejor de Carmen (2003) es el personaje creado hace más de 100 años por un escritor que vio al ser humano en su esencia, sin juzgar sus errores. En cambio Aranda trata de justificarla no prescindiendo del pasado de Carmen. La expone como víctima de la desolación y del mundo masculino de la época, pero, estoy segura, Carmen es ella sin pecados y sin conciencia, tan contradictoria como la construye Mèrimée y como aún no la han podido pintar en el cine.

Publicado en el blog También los cinerastas empezaron pequeños, 2009.

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Una respuesta a “Sensualidad de cliché (Carmen)

  1. Una novela, opera, zarzuela o película. Que traspasa el tiempo y en sus múltiples transformaciones…sumamente actual. Saludos

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