Las reinas de la selva

“Si regresaran al mundo convertidos en animales, ¿qué animal serían y por qué?”, pregunta Liliana. “León, porque es el rey de la selva”, responde uno de sus alumnos de la UPC. De inmediato, Liliana, que ya esperaba esa respuesta, aclara que “si bien el león es temido por todos los animales de la selva, también se doblega ante el simple rugido de la leona”.

Liliana Alvarado está ahora sentada en su oficina, tiene el cabello corto y no usa maquillaje, no necesita enfatizar lo “femenina” que es como mujer y madre. Todos reímos cuando nos cuenta la anécdota del rey de la selva, que es subyugado por la leona.

“Y a pesar de que la leona hace todo el trabajo, cuidando a las crías, cazando para alimentar a la manada, en el momento en que la leona le ruge al león, el león se somete”, cuenta entre risas esta mujer que ha sabido manejar con maestría no sólo una larga y exitosa trayectoria en el mundo de la publicidad sino su incansable profesión de madre.

Fuera de la oficina la esperan varias postulantes al programa de Marketing, que ella dirige en la Escuela de Postgrado de la UPC. Tiene poco tiempo pero habla rápido y nos cuenta en pocos minutos cómo es que de ingeniera civil de la UNI pasó a ser una especialista en el tema de branding (gestión de marcas), y cómo es que, después de 30 años de matrimonio y tres hijos ya profesionales, revivió hace pocos meses su luna de miel en las playas del norte.

“Parte del éxito que tenemos hoy las mujeres es que ya no nos sentimos menos, ya no nos ponemos un techo. Pero el tema de progresar y tener familia tiene mucho que ver con la pareja y la forma cómo llevamos nuestra relación –comenta–. El rol de madre es importante pero no hay que olvidar al esposo, las mujeres estamos preparadas para el trabajo –como la leona–, por eso es que damos a luz, si estás cansada y tu hijo se despierta en la madrugada sacas fuerzas de donde sea para atenderlo, lo mismo se debe hacer con la pareja. Si tu pareja está bien atendida en un hogar donde tus hijos están bien cuidados, él te va a ayudar, va a apoyarte”.

Para Liliana Alvarado, formarse en un mundo masculino (el de la ingeniería) la desafió a destacar el doble. Pero fueron mujeres las que realmente marcaron su camino.

“En mi vida tuve que competir con muchos hombres, terminé mi carrera en nueve ciclos, con mi maestría en Esan fue lo mismo. Y así hasta que entré en Ebel, ¡el imperio de mujeres!, donde fui desde jefa de producto hasta gerente de marketing internacional, y creo que en ese entorno pude desarrollar todas mis capacidades porque no tuve que demostrarle a nadie de lo que era capaz, sino que tenía que luchar conmigo misma, es distinto, el contexto mujer-mujer es mucho más exigente, y haces las cosas por ti misma”.

El rostro sereno y la voz casi neutral que ha adquirido por los años de docencia universitaria contrastan con la energía de su narración, es como si contuviera los recuerdos que la asaltan en masa. Sus hijos aparecen en ese relato y su rostro –ahora sí– se vuelve expresivo, también su voz.

“Mi hijo nació en un momento en que había mucho trabajo. Ebel comenzaba a crecer, era el año 79, entrábamos en una época de apertura, y había que ser más agresivos. Descansé sólo un mes y adapté mi horario de tal manera que podía darle de lactar y seguir trabajando”, nos cuenta la también presidenta de la Sociedad Peruana de Marketing como si reviviera aquellos años.

Ese primer embarazo no fue fácil para ella, trabajar con los malestares fue todo un reto, y a los siete meses y medio tuvieron que operarla por una apendicitis.

“Todos pensaban que eran las contracciones. Mi mamá me miraba mal porque pensó que me había casado embarazada. Cuando nació mi hijo, a los nueves meses y un día, me tuvieron que hacer cesárea y por eso sólo he tenido tres hijos, me hubiera encantado tener más”, confiesa con una sinceridad que se le ve en los ojos.

Cuando su hijo cumplió un año y medio, empezó a planificar su segundo embarazo. Se dio cuenta que su maternidad no era incompatible con su carrera, pero debido al efecto de las píldoras le dijeron que debía esperar algunos meses antes de poder concebir… sin embargo, su útero no esperó.

“Me tomó creo que un día embarazarme (risas). Para el tercero fue diferente, mis hijos ya habían crecido, no pensaba tener otro en ese momento porque me acababan de ascender a subgerente de planeamiento y marketing, ¡estábamos entrando en otro país y salgo embarazada! Cuando le conté a mi jefa se mató de risa porque también estaba embarazada. Por supuesto que le eché la culpa al doctor y le fui a reclamar, pero era yo la que había sacado mal la cuenta. Fue muy gracioso” (más risas).

La manera en que lo cuenta hace que el ajetreo de ser madre, esposa y ejecutiva parezca demasiado liviano, ¡casi una broma! Pero sin duda, no fue tan fácil, y menos en una época en que el internet, las cámaras web, el microondas o los celulares aún no facilitaban la maternidad.

Ahora tiene más tiempo para entregarse al marketing, pasión en la que siempre se mantuvo vigente por el miedo de desfasarse y convertirse en un “dinosaurio”, afirma. Hoy es una de las principales referentes en esta materia.

 

Silvia Yong: “Saber adaptarse es el secreto”

Otra ingeniera a la que no le gusta quedarse atrás es Silvia Yong, gerente de banca masiva del Banco Financiero. Ella estudió Ingeniería Industrial en la Universidad de Lima y tuvo su primer trabajo en el Banco Industrial, en una época en que la mejor mano de obra para esta banca de fomento venía de los ingenieros antes que de los economistas o administradores.

“A tal punto que los ingenieros eran los que tenían más oportunidades de crecer en la línea de carrera del banco”, explica casi murmurando.

Por eso Silvia, en los 11 años que estuvo allí, pudo aprender el funcionamiento del sistema financiero, y tanto le gustó que de ser asistente del área comercial pasó a ocupar diversas jefaturas, e incluso llegó a ser gerente de una división, racha que mantuvo aun cuando pasó a la banca privada. Eso sí, esta leona también supo mantenerse vigente.

“Mi trayectoria ha evolucionado como lo ha hecho el sistema. Hace años el negocio de los bancos era la banca empresa, las personas sólo tenían sus depósitos y de forma muy elemental tenían tarjetas de crédito, entonces a medida que el sistema financiero comenzó a evolucionar e irse a consumo y a retail, yo también fui evolucionando en esa dirección”, cuenta con voz suave desde su oficina en Miraflores, persuadida de que “la capacidad de adaptación es lo que marca la diferencia en una carrera”.

Silvia es de esas mujeres que postergan la maternidad hasta después de ver fortalecida su trayectoria. Aunque es capaz de tomar riesgos en su trabajo, se autodefine conservadora en el plano familiar, por eso se casó a los 28 años, después de un largo noviazgo, y tuvo su primera hija a los 30, cuando ya era gerenta en el Banco Industrial.

Y si bien era una experta en el tema financiero, del rol –y las aflicciones– de ser madre sabía todavía poco. Su hija, Ximena, le reclamaba que no pasara más tiempo con ella y eso le causó tanta ansiedad que tuvo que llevarla a una psicóloga.

“La llevé para que la apoye pero terminó ayudándome a mí. Me dijo: ‘El ser humano está construido para luchar contra las dificultades, y tu hija, que es pequeñita, ve esto como una dificultad, entonces en la medida en que tú la ayudes a entender que eso no la hace menos, ella va a aprender a aceptar el contexto en el cual ella va a vivir, y el contexto es que tiene una madre que trabaja, por eso tienes que ayudarla a que valore el tiempo que tú le des’. Eso me ha servido enormemente para educar a mis tres hijos”, exclama.

Ahora, gracias a la tecnología, está pendiente de ellos las 24 horas. Tanto así que a través de un sistema de monitoreo del colegio de sus últimos hijos –Luis Alonso (15) y Sebastián (12)–, puede saber qué tareas les dejan a diario y cómo van progresando.

“Una de las ventajas de ser ejecutiva es que puedo manejar mis tiempos, organizarme de tal manera que no tenga que descuidar ni el trabajo ni a mis hijos”, agrega mirando una de las tantas fotos familiares que tiene sobre su escritorio. Ese equilibrio es precisamente uno de sus mayores secretos.

El cuidado que le da a su familia es infinito y parece haber seguido el consejo de Liliana, pues con su esposo lleva ya 20 años de feliz matrimonio. Y como detrás de toda gran mujer hay un gran hombre, ella –que se da tiempo para una rutina completa en el gimnasio de su empresa antes de llegar a su oficina– agradece que el suyo no haya sido “machista” ni haya entorpecido su carrera.

“En la época que hacía banca comercial era común que almuerce seguido con clientes, la parte social es muy intensa en el trabajo, pero jamás he tenido ninguna queja de su parte. Él tiene su propio negocio y eso me ha ayudado mucho”, aclara.

 

Sandra Santa María: “Las mujeres sí podemos”

Y es que el temperamento de un hombre puede ser crucial para definir o truncar el éxito de una mujer. Al menos así lo reconoce Sandra Santa María Smith, country manager de Safety Pay, empresa estadounidense de pagos por internet que ella representa en Perú a sus cortos 30 años.

“Si mi esposo hubiera sido celoso, creo que hoy no estaríamos casados”, sonríe con dulzura.

Sandra nos recibe en el lobby de un hotel donde presentará una ponencia sobre los buenos resultados que ha tenido su empresa en las campañas de márketing a través de las redes sociales (Facebook y Youtube).

Su experiencia como madre fue muy distinta. Su hija Camila nació cuando ella tenía apenas 18 años, sin embargo fue precisamente su mirada adolescente la que le dio el valor de coger por las astas su desarrollo profesional.

“Tuve el apoyo de mis suegros y mis papás, en esa época vivíamos en la casa de mi suegra y ella me apoyaba mientras yo estudiaba administración en la Universidad de Lima, pero obviamente yo también tenía que trabajar. Era agotador pero pude terminar la carrera, con mi esposo nos mudamos solos y quisimos esperar el tiempo prudencial para tener al segundo”.

Mientras esperaba pasaron 10 años en los que ella pudo madurar profesionalmente, sumergida primero en el mundo de las telecomunicaciones, (Nextel, Silicom y Claro) y luego zambullida en la telaraña de la banda ancha. Nunca pudo despegarse de las nuevas tecnologías.

“Así empezó todo mi interés en la web, el proceso se fue dando, me tocó lanzar al mercado la banda ancha de Terra, pasé a ver productos multimedia como juegos, antivirus y soluciones para internet, hasta que, hace dos años y medio, Safety Pay me llamó para ser su gerente de marketing y ventas. Allí logramos alcanzar las metas, y en diciembre del 2008 me ascendieron a Country Manager para ver toda la operación”, resume Sandra, siempre con una sonrisa, que se hace más emotiva cuando habla de sus pequeños.

Con su segundo hijo, Juan Diego, la experiencia fue diferente, ella ya tenía 28 años, por lo que vive la doble experiencia de ser madre de un bebé de dos años y de una adolescente de 13.

“Camila es superinteligente, superresponsable, más independiente, también está pegada a la tecnología. Y Juan Diego es un corazón con pies, pero ¡tiene un genio! Yo tengo un genio fuerte, a mi edad ya lo domino, pero no le puedes pedir eso a un niño”, sigue sonriendo Sandra.

Para esta mujer tecnológica la clave del éxito laboral es estar lista en el momento adecuado. En su entorno, no ha necesitado que alguien más le diga lo que puede o no puede hacer, por eso su visión del mundo es absolutamente positiva.

“Hoy las mujeres estamos mucho más posicionadas, si queremos hacer algo, lo hacemos, sólo hay que fijarnos metas y cumplirlas. Incluso en las empresas hay más mujeres que hombres porque muchos estudios dicen que somos más organizadas, que podemos hacer varias cosas a la vez”.

 

 Rosa María Khan: “En búsqueda del equilibrio”

La psicóloga Rosa María Khan coincide con Sandra. “Es una cuestión de hemisferios cerebrales. La mayoría de mujeres tiene predominancia del hemisferio derecho, que es el que desarrolla el pensamiento creativo y la percepción tridimensional (varias cosas a la vez), mientras que el izquierdo, que predomina más en los hombres, desarrolla un pensamiento más lógico (una cosa a la vez)”, reafirma la también empresaria de modas y gerenta de su propia firma de recursos humanos Precisión Empresarial.

Ella nos recibe en su casa de La Molina, donde además de monitorear –con un ojo en su laptop y el otro sobre las tareas de sus hijos– una empresa dedicada a la búsqueda, evaluación y selección de personal, ha montado un pequeño taller que le ha servido para cristalizar su sueño juvenil de ser diseñadora de modas.

“Mi papá era de aquellos que decían ‘universidad o nada’, entonces elegí Psicología en la URP y la carrera me encantó, hice mi formación clínica y me fui especializando en recursos humanos, pero hace tres años fue despertando en mí nuevamente ese bichito de ser diseñadora y me dije, por qué no. Así creé Sisay Perú y empecé a hacer carteras de cuero, primero vendí a mis conocidos hasta que hace dos años participé en Perú Moda y empecé a exportar”, comenta.

Eso sí, para “Rochi” –como la llaman– el tiempo que le daba a sus hijos era intocable, y su trabajo en Precisión Empresarial se hacía más intenso, así que optó por el camino más difícil.

“Yo empecé con Sisay en las madrugadas, si quería algo me tenía que costar, entonces tuve que dormir menos horas para poder realizar esa pasión que tanto me motivaba. Y realmente uno se da cuenta que ningún esfuerzo es inútil, en la vida las cosas se logran con una cuota de esfuerzo, de sacrificio, y de empeño”, manifiesta sentada sobre el sofá, mientras los pequeños Carlos Alonso y Rodrigo se asoman cada vez menos tímidos en la sala.

“He podido dar mis pasos a medida en que he podido sentir que mis hijos manejaban un poco mejor sus cosas”, señala.

Pese a las dificultades, para ella no es nada del otro mundo llevar una casa, una carrera y un sueño con éxito. Sisay acaba de ganar el concurso de Mujer Empresaria 2010 organizado por la Cámara de Comercio de Lima.

Rochi es de aquellas madres, que en la búsqueda del equilibrio familiar y laboral, se construyen una vida ubicua que gracias a herramientas como el internet y el blackberry le permiten estar en casa sin salir de la oficina, y cuidar a sus hijos mientras sigue explorando las posibilidades del cuero.

“Cuando nació Carlos Alonso, cuatro años después de que me casé, trabajaba seleccionando perfiles para Motorola, pero fue muy complicado; cuando ya eres mamá, las emociones y los sentimientos de estar lejos de tu bebé te cambian, te sensibilizas mucho más, ya no quería apartarme de él. Allí es cuando decidí lanzarme como free lance pese a lo riesgoso que era. Pero me fue bien y pude manejar mejor mis tiempos”.

Fue siendo trabajadora independiente que un día se preguntó ¿por qué no formar una empresa? En ese momento conoció a una colega con la misma inquietud y sin saber por dónde empezar, crearon el headhunter que ya tiene once años en el mercado y que hace pocos meses hizo una alianza con la trasnacional Baker Tilly.

“Lo importante para tener éxito es trazarte una meta, ni siquiera necesitas tener un capital, empieza de a pocos, sin miedo a equivocarte, si no te equivocas cómo mejoras, cómo aprendes. Además eso te pone a prueba, te descubres capaz de hacer más de lo que creías”, enfatiza.

Su segundo hijo, Rodrigo, llegó cuando esta compañía estaba en ebullición, con procesos masivos de selección para varios clientes, pero tuvo que concentrarse en la tarea de la maternidad con más ahínco, debido a que, por negligencia, a su hijo le rompieron el brazo durante la cesárea. Por fortuna, su esposo nunca dejó de ser su soporte.

“Ahora puedo decirte que gran parte de mi desarrollo y esa libertad profesional que he tenido es porque él me ha apoyado muchísimo”, confiesa esta leona, que no se conformó con esperar a que él éxito llegara algún día, sino que salió decidida a encontrarlo temprano, en medio de la selva agreste. “Algunas personas piensan que no les dan la oportunidad, pero la oportunidad se la tiene que dar uno mismo”, determina.

Su filosofía de vida va más allá de las palabras, ella misma se ha demostrado que “los sueños están hechos para ser aterrizados” y que mucho depende de desterrar los prejuicios mentales, esos que “sólo nos hacen ver las limitaciones”.

“Lograr un equilibrio, no significa que llegaste a un lugar y allí se queda todo, es un tema muy cíclico, muy dinámico. Lo que pasa es que a veces estamos cómodos, y pensamos ¿para qué me voy a arriesgar?, ¿y si me va mal? Y así nos vamos quedando. Pienso que hay que ser más determinantes y no quedarse en las ideas por vergüenza, quién es quién para juzgar lo que está bien o mal. De lo contrario, uno se pierde la oportunidad de saborear aquello que sólo estaba en su mente”, destaca.

Precisamente es la búsqueda del equilibrio lo que ha llevado a estas cuatro mujeres –Liliana, Silvia, Sandra y Rosa María–, a una constante adaptación como madres y profesionales. Todas cuidaron como leonas una solidez personal, familiar, laboral y espiritual, después de todo, como advierte Rochi, “el éxito es integral y no se puede hablar de éxito cuando una de esas patas cojea”.

Artículo para la revista Club Empresarial, 2009.

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