Javier Corcuera: “La realidad nos va editando”

Con un pie siempre en Lima, Javier Corcuera no desaprovecha la oportunidad de hablar del Perú en los proyectos internacionales de los que forma parte, y sobre todo no lo piensa dos veces cuando se trata de documentar a través de imágenes las historias del mundo, esas que pesan en su espalda.

corcuera

Estudió Cine en la Universidad de Lima y se licenció en la Complutense de Madrid, ciudad donde radica desde 1986. Desde entonces se ha permitido deslizarse con intuición por las circunstancias que le ha impuesto el destino, como abrazar el oficio de documentalista cuando lo único que quería era rodar en ficción: “Yo siempre he querido hacer películas de ficción pero solo rodé un corto, Sudaca, y cuando lo proyectaba me decían que parecía un documental. De allí empezó a surgir la posibilidad de hacer documentales y cada vez me fui metiendo más en este género. Me gusta pensar y rodar una historia que esté contada por gente que realmente la vive”.

Después de algunos cortos documentales[i] como el sonado Chiapas, hablan los rebeldes (1998) rodó, con la ayuda de Elías Quejereta y Fernando León, su primer largometraje La espalda del mundo (2000), con el que obtuvo el Premio de la Crítica en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián (España), junto con Arturo Ripstein. “Al principio tuve miedo pero asumí el reto. Hicimos un primer guión y después, con el material rodado, se hizo uno definitivo y se trabajó más en el montaje”.

La película, su mejor trabajo antes de Invierno en Bagdad (2004), discurre entre tres derechos fundamentales: la infancia, la palabra y la vida. Rodada en Perú, Turquía, Suecia y Estados Unidos, va reclamando la atención del planeta a los niños del tercer mundo que tienen que trabajar para no morir de hambre, a una mujer atrapada en la inexpresión de su cultura y a un condenado a muerte que agoniza en el purgatorio de una cárcel de Texas (El Corredor de la Muerte).

Es precisamente esta última historia la que tuvo mayor repercusión en los últimos años, ya que no sólo desnudó algunas irregularidades del sistema penal estadounidense sino que mostró la inutilidad de la pena de muerte como forma de resarcimiento de las víctimas. “El padre de una de las víctimas, al conocer a los familiares del convicto, nos dijo que al aplicarse la pena de muerte lo único que se conseguía era aumentar el número de personas que sufrían, y que a él la ejecución del agresor no le servía en su proceso de curación”.

De esta historia se hizo un largometraje, Condenados al corredor (2003), que fue precedida por La guerrilla de la memoria (2002), documental en el que evoca el afán reivindicativo de los guerrilleros que pelearon contra Franco incluso después de terminada la Guerra Civil Española. Después vendrían los proyectos de Invierno en Bagdad y En el mundo a cada rato.

Invierno en Bagdad

“Es una película que habla sobre las víctimas civiles de los bombardeos —de la agresión norteamericana— en Irak. Empieza antes de la guerra, cuando gente de otros países se desplazaba a Bagdad para estar con la población iraquí. Al empezar el bombardeo tuvimos que detener el proyecto pero ya habíamos decidido volver y contar la historia de esa gente sencilla que habíamos conocido en Irak. Regresamos a buscar a estas personas y, a través de ellos —a los que encontramos— y de unos médicos que habíamos conocido, hicimos un trabajo de investigación y llegamos a las víctimas civiles de esta guerra”.

De esta y otras experiencias, de hecho quedaron cicatrices. “Lo del Corredor de la Muerte fue bastante duro, algunas personas que entrevistamos en esa cárcel —porque no solo entrevistamos a Miller— han sido ejecutadas. La experiencia de Bagdad también ha sido bastante difícil, como experiencia y técnicamente por las condiciones tan complicadas, pero el pueblo iraquí es maravilloso. De Bagdad nos trajimos el dolor, la tristeza, pero también la fuerza y el cariño de la gente”.

En el mundo a cada rato

En 2004 UNICEF puso en marcha el rodaje de una película conformada por cinco cortometrajes sobre las prioridades[ii] en la lucha por la defensa de los derechos del niño. A Javier le dieron la oportunidad de realizar uno de los cortos en Latinoamérica. Eligió Perú, y de Perú su verde y desolado Iquitos. “Son cinco historias de niños de cinco lugares del mundo y una de ellas, la que yo dirigí, transcurre en Perú, se llama Hijas de Belén, fue rodada en Iquitos, trata de las niñas que trabajan en el mercado de Belén, pero la película en su totalidad está filmada en Iquitos, Córdova (Argentina), Senegal, Guinea Ecuatorial y La India”.

Cine nacional

Es cierto que Javier vive con un ojo en Perú, pero aun así le es difícil seguir la agenda del cine peruano. “Yo no puedo hablarte mucho sobre cine latinoamericano o peruano porque es un cine que no llega a España, solo puedo verlos en festivales como el de la PUCP”.

Le preguntamos si se debe a la crisis de exhibición que está atravesando España, ya que con la excesiva sobreproducción no hay espacio en sus salas ni para la totalidad de producciones nacionales.Preocupado nos responde quesí, “no todas se estrenan pero la ventaja es que allá sí hay salas comerciales que exhiben documentales. Por otro lado, el tema de la distribución es fundamental. Creo que hay fórmulas que son viables y que en otros países se han aplicado, como en Francia”.

Sus palabras nos hacen pensar en que este aislamiento (la poca difusión y distribución del cine peruano) refuerza la debilidad de un cine ya carcomido por la falta de un marco legal estable y sólido. Un serio Javier nos da la razón. “Sí, es cierto, desde que tengo uso de razón las leyes de cine han sido deficientes. Y a diferencia de España, lo que veo es que no hay una implicación importante de la televisión en el cine nacional, es decir, en España gran parte del cine se financia con la compra anticipada de los derechos de emisión. Aquí la televisión no juega ningún rol a favor del cine. Tal vez si hubiera una ley que obligara a la televisión privada a exhibir una cierta cantidad de horas de producciones peruanas esto variaría porque cuando hay dónde exhibirlo hay quien puede producirlo”.

El documental

Suele confundirse cine documental con objetividad. Javier nos habla finalmente de lo que para él significa este género. “El cine documental casi nunca es objetivo, entre otras cosas, porque la objetividad no existe. Siempre hay una mirada: en este caso la del autor. Para mí el documental ha sido la posibilidad de contar historias de personas que a mí me parecía que debían conocerse. Hacer un documental es realmente una aventura. En este tipo de cine poco sirven los guiones porque la realidad nos va cambiando las cosas, nos va forzando, nos va sorprendiendo, nos va editando, y los protagonistas empiezan a tomar fuerza y a ser dueños de la película”.

Publicado en la revista Escena 7, Trujillo, 2006.


[i] Minuesa, una ocupación histórica (1994), Refugiados (1995), Perú, presos inocentes (1996), Familia (making off) (1997), Chiapas, hablan los rebeldes (1998) y Doñana, memoria de un desastre (1998)
[ii] La educación de las niñas, el desarrollo integrado en la primera infancia, la inmunización, la lucha contra el sida y la protección contra la violencia, la explotación, y la discriminación.
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