Duele

Una excusa tras otra.
Solo para alargar la distancia.
Duele.

Duele haberte subestimado. Duele haberme cuidado de robarte lágrimas o una apatía. Duele haberte respirado de cartón, cuando eras de vidrio. Duele tragarme los sorbos de orgullo, que van desgarrando mi garganta con astillas de metal. Duele la herida y la cicatriz sobre cicatriz.

Duele la hipócrita sonrisa de los breves encuentros telefónicos. Duele esperarte en las noches, convirtiendo el amanecer en mi enemigo. Duele el error. La miopía. La perenne cojera. La invalidez del corazón. Y la absurda paradoja de dar mis brazos a cambio de un abrazo.

Y el hambriento nudo recorre las arterias llenando de sombras los ríos de color ceniza. Duele apagar los oídos y aun así seguir escuchando tu voz y tu guitarra. Duelen los síntomas de este virus impredecible. Inasible. Olvidar tu respiración para preservar la mía. Desaprender tu cuerpo y tu amar para desarmar mi lecho.

Duele.

(11/09/2012)

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