¿Son necesarias las cesáreas?

Si hasta la década pasada los partos por cesárea llegaban sólo al 20%, hoy este índice se ha incrementado a 50% en las clínicas privadas y a 70% si la paciente cuenta con un seguro privado de salud. Todo apunta a suponer que cada vez son más las peruanas incapaces de parir a sus hijos.

Sin embargo, no es así. Las mujeres siguen siendo capaces de tener partos naturales y sólo un 10% o 15% de alumbramientos pondrían en riesgo la salud de la madre o el bebé, casos en los cuales recién se pensaría en una cesárea.

Y aunque hay varias razones que explican el mayor número de cesáreas, para el investigador peruano del Instituto de Salud de la Universidad de Rutgers en New Jersey, Alejandro Arrieta, una es la principal.

“Este problema parte de la reforma de salud realizada por el Ejecutivo en 1997, cuando se crean las Entidades Prestadoras de Salud (EPS), que deterioraron el poder de negociación de las clínicas y bajaron las tarifas médicas. Como consecuencia, la reforma ha generado un shock negativo en los ingresos médicos, lo cual ha incrementado los incentivos a un sobre-uso de procedimientos y diagnósticos clínicos”, comenta.

En otras palabras, desde que los médicos percibieron menos ganancias por los procedimientos normales, empezaron a ofrecer a sus pacientes métodos más sofisticados con el cuento de que eran la mejor opción.

“Esto es lo que pasa respecto a las cesáreas”, interviene la obstetra María Eva Loza, del Centro de Salud Rímac, pues “las clínicas informan a la paciente sobre las ventajas de una cesárea pero no sobre sus complicaciones y menos sobre las ventajas del parto natural”, agrega.

Es fácil deducir por qué. Los costos de un parto normal en clínicas oscilan entre 400 y 2,000, mientras que los costos de un parto por cesárea sobrepasan los 2,000 y 4,000 soles. Y a diferencia de los hospitales, donde los médicos no reciben un pago adicional por el tipo de operación que hacen, en las clínicas, los honorarios por lo menos se duplican cuando se trata de una cesárea.

Pero además de la conveniencia médica de una césarea existen otras razones que impulsan a las pacientes a optar por este método.

Otras razones

Para la Organización Mundial de Salud el porcentaje de cesáreas no debe exceder el 15% respecto a los partos normales. Sin embargo, el alto índice presentado en el Perú responde también a que “muchas mujeres quieren una cesárea para no pasar por el trauma del parto natural, pues pese a que es mejor para el sistema respiratorio del bebé, para ellas es dolorosa, y si a eso se le suma el dolor de la episiotomía (corte en la vulva para facilitar la salida del bebé), la cosa se complica”, explica María Eva.

Y pese a que desde el 2000 este corte ya no se aplica religiosamente a las madres primerizas, salvo que así lo exija su caso particular (previa evaluación), muchas madres creen erróneamente que el parto por cesárea será menos doloroso.

“Eso no es cierto, reclama la obstetra, pues el parto natural es como una explosión que se alivia cuando el bebé nace, la recuperación se da después de ocho horas y no hay tantos riesgos como en la cesárea. En este caso el dolor no se siente durante el parto (por la anestesia) pero no pasan muchas horas para producirse. Además la mujer no puede probar alimento hasta 12 horas después, de lo contrario puede provocarse la muerte”.

Es con este dolor que conviven las cesareadas por lo menos tres meses, lo que les dificulta el cuidado del bebé y les provoca una sensación de frustración, agrega María Eva.

¿Menos placer?

Pero hay otra razón de la que poco se habla. Algunas mujeres creen que un parto natural les dilatará tanto la vagina que las relaciones sexuales posteriores al parto dejarán de ser placenteras para ellas o sus parejas.

A esto, María Eva responde que la elasticidad de la vagina permite que después de la salida del bebé vuelva a su tamaño normal con el paso de las horas, e incluso si se ha realizado una episiotomía la paciente podrá reanudar sus relaciones después de seis semanas, a diferencia de las cesareadas que “por el dolor ni ganas van a tener durante varios meses”.

Cuándo al natural y cuándo por cesárea

Según la investigación de Arrieta (financiada por el CIES), más de 13 mil mujeres tienen partos por cesáreas injustificados clínicamente. “Estas mujeres son, por lo tanto, sometidas a los riesgos de mayor morbilidad y mortalidad materno-infantil propios de la cesárea y son perjudicadas en cuanto a sus derechos reproductivos”, agrega.

Según otros estudios, utilizar el bisturí para adelantar el parto cuando no hay un motivo médico cuadruplica la tasa de problemas respiratorios del recién nacido, en comparación con aquellos alumbrados vaginalmente o por una cesárea de urgencia una vez iniciado el parto.

Pero también duplica el riesgo de que la madre sufriera complicaciones y falleciera, e incrementa la mortalidad en el feto, salvo que viniera de nalgas.

¿En qué casos entonces es recomendable una cesárea? Paola Morán, obstetra del Hospital Puente Piedra, es enfática: “Sólo en los casos en que se comprometa la vida del niño o de la madre”

“Estamos hablando por ejemplo cuando el bebé es muy grande (más de 4 kilos) o el tejido no estira y puede desgarrarse, cuando hay cáncer de cuello uterino, sufrimiento fetal agudo o cuando la placenta se presenta delante del bebé (placenta previa total) y puede obstruir el canal de salida y provocar una hemorragia”, agrega María Eva Loza.

Uno de los casos más frecuentes que puede llevar a la cesárea es el de incompatibilidad céfalo-pélvica (lo que antes se conocía como estrechez pélvica), sostiene Paola Morán.

Para ella, existe “un buen porcentaje de casos en los que pudiéndose optar por la cesárea tienen éxito con el parto vaginal, como embarazos prolongados (más de 40 semanas), madres con retraso mental, cuando el bebe viene de nalgas o cuando el cordón umbilical se coloca delante del cuello del bebé”.

“Incluso cuando hay un feto muerto se puede hacer un parto normal, también con gemelares, aunque en este caso, por el doble esfuerzo de pujar la mujer puede llegar al agotamiento materno. Allí recién entraría la cesárea”, añade Loza.

En fin, lo que debe quedar claro es que lo que busca la cesárea es evitar cualquier complicación o daño cerebral en el bebé (mayormente por asfixia) y salvar a la madre de situaciones como preclancia grave (presión alta con daño a nivel hepático y renal), que de llegar a la eclancia (preclancia más convulsión), puede provocar la muerte.

Un detalle importante es que una cesárea no implica una segunda cesárea, ya que si se espera tres años se puede tener un parto vaginal, pero no antes, porque queda el peligro de una ruptura de la herida. Después de una segunda cesárea el tercer parto sí será necesariamente por el mismo método y no se recomienda, por salud de la madre y del niño, tener más de tres cesáreas.

Publicado en Estampa, revista dominical del diario Expreso, Lima, 2008.

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