Porka vida: el cine que debemos detener

Ilegible e intolerable. Una lástima. Juan Carlos Torrico no pudo superar la suerte de Asia, el culo del mundo y pese a su aventurada narrativa la tecnología digital le jugó una mala pasada al estrenar a fines del último febrero Porka Vida, su cuarto largometraje, incapaz de permanecer más de una semana en la cartelera limeña.

Hablar de la proyección de Porka Vida es rememorar la época más oscura del cine peruano (y no sólo en sentido figurado), cuando las imágenes de una sala de cine (de cualquier sala del país) eran tan lóbregas que el espectador terminaba deseando no volver y con la impresión de haber perdido, no sólo dinero, sino parte de su visión por el esfuerzo de discernir las imágenes en la oscuridad de las pantallas. Lo mismo pasa con Porka Vida. Desde la (escasa) campaña publicitaria hasta la presentación de los créditos finales la película se impregna de desaliño (que puede justificarse por su coherencia con los personajes y la historia), pero sobre todo de ilegibilidad.

Tanto se habló (y se sigue hablando) de las ventajas del digital, de sus bajos costos, de la calidad visual cada vez más cercana al soporte cinematográfico, pero poco se tomó en cuenta, al menos en este trabajo, la capacidad y experiencia del cineasta. Los resultados de un manejo desacertado se visualizan claramente en la película de Juan Carlos Torrico, quien ha mejorado su estilo narrativo, es cierto, lo ha agilizado y rejuvenecido, se atrevió a incursionar en el manejo de las nuevas tecnologías para realizar Porka vida, pero le faltó la habilidad casi innata de las nuevas generaciones. La película no sirve para ser proyectada en una pantalla convencional de cine. Ni siquiera con el módulo adecuado de DVD (formato nunca antes utilizado por los exhibidores peruanos).

Descartado el aporte técnico de la cinta, buscamos los aciertos de la historia y los personajes. Con mucha preocupación no encontramos más que buenas intenciones y poco profesionalismo. El argumento tiene un guiño con Ciudad de M (Felipe Degregori, 2000), aborda la inevitable decadencia de personajes socialmente arruinados que conviven con el consumo y tráfico de drogas y la inmoralidad de cierto sector urbano.

Cuatro jóvenes soportan su penosa cotidianeidad sin proyectos y con la esperanza rota del mañana mejor. Algunas circunstancias los reúnen en una travesía que terminará con crímenes y traición, reafirmándoles que no vale la pena esforzarse por cambiar.

La idea de trabajar con nuevos artistas resultó desatinada. Acostumbrados a ver los rostros de siempre nos topamos con la dolorosa realidad de no tener sangre nueva preparada para la actuación en cine. Los protagonistas —Miluzka y/o Giovanni (Jossy Tazzy), Matías (Pepe Santana), Andrea (Valery Tabja) y Renato (el rockero Nicolás Chiesa “Nikoman”)— han demostrado más ganas que talento (aunque sin llegar al desastre y con momentos rescatables).

Sin embargo, dejan de ser creíbles no por una actuación defectuosa debido a la falta de experiencia o a la poca o nula marcación del director, sino porque han sido construidos sobre moldes burdos y superficiales. Así Miluzka aporta el exotismo del travesti cobarde y escandaloso que de pronto se enamora de Andrea y se convierte en un Giovanni lleno de dudas y falsa decencia. Matías y Renato toman (cada uno a su estilo) sus carencias y adicciones con jocosidad y se sumergen orgullosos en el lodo en que se ha convertido sus vidas. Nada importa. Sólo divertirse sin reparos. El personaje de Andrea no se define, sólo se la ve aficionada a una camcorder casera con la que registrará sin limitaciones todo lo que ve y hace con sus compañeros. Para esto tenemos que imaginarnos una cámara que prescinde de cintas de video, pues nunca tiene dinero y sin embargo no deja de grabar un hecho tras otro (sin borrar lo anterior).

Como vemos son personajes poco trabajados y no hay huellas de investigación o acercamiento a esa realidad urbana relegada de lo convencional y lo establecido. El universo suburbano no es un tema que se deba tratar tan ligeramente y menos si no se conoce de cerca.

En suma, Porka Vida, nos demuestra la inmadurez del soporte DVD en nuestro medio, lo mal que se puede manejar la exhibición en el Perú, y una vez más la urgencia de mejorar nuestros guiones, cualquiera sea el tema, pues la película no sólo carece de consistencia y personajes verosímiles sino de falta de investigación. Porka vida es el mejor ejemplo de lo que no debería repetirse en el cine peruano.

Publicado en la revista Butaca Sanmarquina, 2004.

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