Gianfranco Quattrini: “La cultura chicha no tiene clase social”

Es la primera parte de una trilogía que involucra una secuela en formato de road movie entre Lima y Buenos Aires y una tercera entrega en Buenos Aires, pero a pesar de esta visión, Chicha tu Madre no esperaba que más de 500 mil peruanos fueran a verla sólo en las primeras cuatro semanas. De los más de 70 actores y mil extras, que durante seis semanas participaron en el rodaje de esta opera prima, sólo algunos fueron los favoritos de los periodistas, quienes antes de conocer el film ya trataban de encasillarlo en algún género conocido.

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De su estreno a ahora, esta co-producción peruano argentina ya ha recorrido las salas de algunos festivales en ciudades como Huelva, Mar de Plata y Buenos Aires, e incluso como proyecto participó en 2004 en una conferencia mundial organizada por el Sundance Institute. Y hace poco acaban de enviarla al Festival de Locarno, en Suiza.

Quién mejor que su director, Gianfranco Quattrini, residente desde hace varios años en Argentina –donde es un reconocido realizador de videos musicales (Vicentico, Spinetta, Gazpacho)–, para contarnos los azares que envolvieron su historia.

¿Cómo y cuándo llegó a tu mente un personaje como Julio César?

La gestación del personaje y la película se inició en mis recorridos azarosos por Lima en 2002. Yo había regresado a la ciudad donde había nacido y estaba profundizando en ella por primera vez. Había sentido la necesidad de hacer una película en Lima y estaba perfilando el personaje, sus actitudes y comportamientos, básicamente sus contradicciones. Y de pronto la aparición destinada de un Julio César verdadero: un auténtico y especial lector de Tarot que conocí de la manera más insólita. Se presentó en un cásting para el primer corto que estaba por filmar en Lima. No era actor, había caído de rebote para rebuscarse unos soles.

¿De allí tu interés en el Tarot?

El Julio Cesar verdadero me dio una introducción al Tarot y me asesoró respecto a las tiradas que se ven en la película. Durante y después del rodaje me interesé en el Tarot y leí mucho sobre él, encuentro que hay una gran sabiduría allí, tiene una simbología muy poética y profunda.

¿Cómo encontraste a Jesús Aranda y al resto de actores?

Casi le doy el rol protagónico a Julio César, tenía el carisma y la urgencia del rebusque incorporada, la película no está basada en su vida, pero tiene varios elementos. Finalmente elegí a Jesús Aranda de un archivo de fotos y lo mandé a llamar para hacer pruebas. La elección de Tula fue porque podía actuar bien el personaje. Su interés mediático yo no lo conocía realmente durante el cásting. Después la prensa se interesó e hizo su propia película. Había muchos prejuicios. Tengo algunos recortes que son impresionantes por la prelectura que hacen de la película. Lo cierto es que pudimos ingresarla en la mente colectiva, dentro de un par de años veremos qué huella deja.

Uno de los prejuicios era que un director de clase media y alejado de Lima no podía retratar con justicia una historia chicha. Se esperaba más de lo mismo.

La realidad del personaje abarca sus relaciones íntimas y familiares, antes que las sociales. Y esas son universales. Las particularidades del entorno limeño fueron construidas en conjunto con Christopher Vásquez (coguionista y limeño de toda la vida). Y de última es una película, una gran mentira orquestada. No había una vocación de copiar una realidad, sino de tomar elementos reales y utilizarlos expresivamente para contener a un personaje a la deriva. Yo sé que era atrevido de mi parte hacer esta película, pero sentí que era necesaria.

A tu parecer, ¿la cultura chicha es la consecuencia de un sistema social, o una opción de vida que se ha enraizado? ¿Le pertenece sólo a la masa popular limeña? 
La cultura chicha atraviesa toda Latinoamérica; y la estética y los comportamientos que de alguna forma engloba no tienen clase social. Por un lado, hay una coyuntura sociopolítica que nutre y mantiene este estado de cosas, pero también una gran debilidad individual en el egoísmo, el oportunismo y la imposibilidad de crear o sostener un proyecto duradero, la mira está puesta en el resultado inmediato, sin mediciones morales. Es una actitud atractiva y razonable ante semejante injusticia en la que vivimos. Pero más allá de las dificultades reales, que existen para todos, hay una comodidad cierta en encarar la vida sin cuestionarse más allá del día a día. Por eso mi interés en contrastar el accionar de Julio César con la simbología del Tarot, que es determinante.

Según parte de la crítica, la película ha tenido mejores resultados que muchas otras peruanas, ¿qué autocrítica haces tú después de varias semanas de su exhibición?
Estoy feliz con el resultado y con la respuesta de la gente. En cada proceso he aprendido mucho, especialmente en lo que respecta a estrategias de producción y de distribución. Ahora, sobre el film terminado decidí hacerle unos cortes para enfocarlo un poco más, y lo reduje 6 minutos. Esto es parte de un proceso natural de decantación y estoy contento de haberlo hecho, a la película le queda un largo recorrido aún.

Chicha tu Madre tiene una propuesta entre lo comercial y lo personal, ¿cómo la concebiste?
La idea era hacer una película que fuese verdadera, pero con un gran despliegue de locaciones y personajes, y que además tuviese mucha calidad técnica: fue filmada en Super 16mm y ampliada a 35mm por intermedio digital (que se hacía por primera vez en Argentina). Para eso hacía falta dinero y elementos comerciales que permitieran recuperarlo. El tema tenía potencial comercial, pero es una película personal, sin duda.

¿Te preocupas más por el aspecto técnico o por la historia que cuentas, logras un equilibrio?
Creo que el equilibrio entre qué y el cómo es la esencia del buen cine. A mí me interesa la técnica en la medida en que me aporta a trabajar la emoción desde lugares formales, como el uso del color, los lentes, el ambiente, el encuadre, el punto de vista. Pero en el momento de filmar a un personaje estoy pendiente de su interpretación.

¿Prefieres trabajar con actores no profesionales o poco conocidos por un afán de descubrir talentos o porque buscas interpretaciones menos estereotipadas?

Para mí es vital que se logren interpretaciones auténticas. Y eso no es patrimonio de un profesional o un no-profesional. En Chicha tu Madre hemos dado muchas oportunidades a actores que no las han tenido en el cine pero fueron elegidos en primera instancia porque yo creía que iban a hacer bien sus papeles. Por otro lado, es cierto que me interesaba que no hubieran prejuicios con los actores que estaban interpretando los roles.

¿Cuál es proceso más importante para ti, el guión, la postproducción?
La película se hace en todos los procesos, en la preproducción más aún. El montaje también es un arte maravilloso, para mí allí esta la esencia del cine. Una buena práctica es volver a filmar después de haber editado si es necesario. Si se puede, ¿por qué no?

¿Es cierto que en Lima hicieron algunas escenas con Vicentico?
Nunca se filmó nada con él. Su presencia fue una posibilidad que alguien filtró a la prensa innecesariamente cuando ya había sido descartada por la edad y el perfil que estaba asumiendo el personaje argentino en el guión. Afortunadamente el rol fue interpretado maravillosamente por Pablo Brichta.

Publicado en la revista Butaca Sanmarquina, 2006

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