Filmoteca de Lima: una mala película, una deuda pendiente

La filmoteca; casi agonizaba cuando la conocí, pocos años antes de que pasara a otra vida en manos de la Universidad Católica. En esa época de fines de siglo sus problemas ya se habían agudizado. La remodelación del Parque de la Exposición (o de Lima) que encierra al Museo de Arte –refugio de la Filmoteca de Lima hasta 2003– empezaba a molestar a los pocos espectadores que gradualmente dejaron de frecuentarla. Aún así alcancé a ver algunas funciones en que los pasillos sirvieron de butacas improvisadas y en que el gusto por el cine no comercial parecía ser masivo. Poco duró la ilusión.

filmoteca

Son muchos los factores que determinaron la caída definitiva de este pulmón del ámbito cinematográfico. Por un lado el contexto de la segunda mitad de los noventa, en la que germinaron los multicines, la piratería, el cable, los cine-clubes universitarios, la delincuencia en el centro de Lima. Por otro la negligencia administrativa de la filmoteca: se redujo la oferta de la programación debido: a la escasez de muestras itinerantes (que en años anteriores abundaron) y nuevos títulos (antes proveídos por las embajadas o comprados a distribuidoras locales y foráneas), a la baja calidad de las proyecciones, a la incomodidad de las instalaciones, y a la falta de “un director con mentalidad empresarial –como afirma el crítico Ricardo Bedoya– que vaya más allá, que consiga financiamiento, contactos, que logre hablar con las empresas privadas: que sepa negociar”.

Las razones podrían seguir, Isaac León Frías,[1] director fundador de la filmoteca, añade que de un tiempo a otro “cambió el régimen de internación de películas de las distribuidoras, lo que anuló uno de los ciclos más exitosos que era los ‘mejores estrenos del año’. Además el proyector estaba lejos y la imagen no era muy nítida. Otra incomodidad eran las columnas, se debieron eliminar los laterales, pero nada se pudo hacer”. “El parque en lugar de ser un factor favorable resultó todo lo contrario –interrumpe Bedoya–, antes los carros se estacionaban en la calle, pero la gente prefería eso a la playa de estacionamiento que les cobra por hora y les hace caminar todo el parque.

Para otros, en cambio, “la mala administración fue la única causa de la quiebra y venta de la Filmo. Si nos fijamos, es la misma gente la que ha venido manejando la Filmoteca, La Gran Ilusión y (…) todo está siendo capitalizado por la PUCP”.[2] También lo dijo Francisco Adrianzén[3], la gestión fue “determinante y principal responsable de la crisis”. Pero no hay que olvidar que “el conformismo, el acomodo y la desidia” de la que hablaba no fue combatida eficientemente por NADIE.

Historia y guión

Se podría decir que la filmoteca nació gracias al apareamiento de las instituciones privadas y los representantes de la cultura, quienes unieron esfuerzos para detener la pérdida continua del material fílmico del siglo anterior. Antes de su lanzamiento –cuenta León– “la primera experiencia importante de archivo fue la Cinemateca Universitaria, que terminó como la cinemateca de la Agraria, creada en 1965 por la Comisión Intercultural Universitaria (Católica, UNI, San Marcos y Agraria) y dirigida por Miguel Reynel, pero se dedicó mayormente a comprar contratipos (copias muy defectuosas). Luego, en 1980, se creó la Cinemateca de Lima por un grupo de cineastas vinculados a Cuba y a la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, que promovió la formación de cinematecas pero con una proyección mucho más crítica”, y que “fracasó por cuestiones económicas pero también por un exceso de ortodoxia política, de debate interminable sobre cuál debía ser la programación”, agrega Bedoya.

Ya en los setenta la inquietud por el cine se tornó formal, las universidades Católica y de Lima conversaron con el Museo de Arte para formar una cinemateca, pero éste ya albergaba un cine-club desde 1963 hasta que Alejandro Vasilaqui, representante de la fundación EDUBANCO del Banco Continental, convenció a Alejandro Miró Quesada Garland, director del Patronato del Museo de Arte, para crear la Filmoteca de Lima. No tardaron en buscar un consejo consultivo y proponer a León como director. El convenio se firmó el 31 de mayo de 1986 y en julio se inició una programación[4] permanente, sólo interrumpida los últimos días de cada año y en ocasiones excepcionales.

La primera conquista de la filmoteca fue el auditorio en el que funcionó sus 17 años –el cine-club había operado en otros ambientes–, ya que en los primeros meses tuvieron que disputarse los horarios con funciones de teatro. Luego, no sólo reunió un “valioso patrimonio fílmico que incluye un vasto catálogo cinematográfico nacional, una indispensable colección de cine de todos los continentes y un importante archivo de material bibliográfico”,[5] sino que en el área de exhibición realizó importantes ciclos como el de cine francés en 1986, el de Glauber Rocha y, en 1989, “el ciclo dedicado a Luis Buñuel más completo que se haya hecho en el país”.[6]

Lamentablemente, cuando el grupo BBVA compró el Banco Continental en 1996 y eliminó el programa EDUBANCO –el ingreso de las entradas cubría sólo el pago del personal– la labor de mantenimiento del archivo se fue descuidando y el desamparo de la filmoteca no encontró propuestas de financiamiento. León hace mea culpa y nos cuenta: “No supimos buscar fondos para lograr una mayor autonomía. Se hicieron contactos importantes que por algunas razones no prosperaron, a veces porque no encontraron una contraparte en el museo”.

Es un mal precedente que con el ejemplo de cinematecas privadas y autónomas como las de Uruguay y Argentina, no se hayan encontrado salidas al colapso de la filmoteca. Si alguien se siente incapaz de resolver algo, ¿por qué no renunciar y ceder la posta a otra persona? Hay excusas (“un director de filmoteca no debe ser un crítico de cine en actividad que escriba polémicamente porque eso genera reacciones y antipatías”) y verdaderos errores (“para mí dirigir una cinemateca fue más bien la posibilidad de tener una sala con un cine augusto, programado, yo he sido más espectador que director”[7]) que se deben corregir para el siguiente período.

Puesta en escena: el traspaso

Cuando la situación se hizo insostenible, el museo ya no podía afrontar ni siquiera el pago del personal de la filmoteca, “es allí cuando aceptó que otra institución se hiciera cargo de la administración –nos cuenta León–, se habló con la Universidad de Lima y no hubo respuesta, en cambio La Católica sí se interesó”. Desde que se anunció la transferencia de la Filmoteca de Lima a la Universidad Católica, en agosto de 2003, se preparó un plan de trabajo que incluye fortalecer las áreas de conservación y restauración del material fílmico –dejadas de lado en la gestión anterior–, y crear un centro de documentación especializado. En el área de difusión, se espera complementar la programación con nuevas adquisiciones y conversatorios, además de programar ciclos itinerantes en universidades y el Museo de Arte. Ojo, no se va a utilizar el museo sino ocasionalmente, y va a depender de paciencia y dinero lograr las metas, cuyos primeros resultados no se verán, según Bedoya, “hasta que no se construya el nuevo local (al lado de su centro cultural), donde habrá una sala exclusiva para la Filmoteca”.

El relanzamiento de la filmoteca, el pasado junio, con más de 80 títulos proyectados en las salas de elcine (incluyendo la retrospectiva completa de Bergman) ha sido exitoso, pero creemos que se deben realizar todavía algunos ajustes en los precios y la ubicación de las salas, no olvidemos que una filmoteca es ante todo un servicio, no un negocio, salvo que se pretenda cambiar irreversiblemente de público, ya que se ha generado un éxodo cultural hacia el sur cuando hay un porcentaje de población igual o mayor –en cantidad y expectativas culturales– en el centro y en el cono norte. Es cuestión de tiempo reparar y evitar los errores del pasado.

Recuerdos de una filmoteca

“Fue mi segunda universidad, ya que ingresé en el 86. Muchas veces entre los amigos nos prestábamos cuadernos o invitábamos a fiestas en la filmoteca ya que con seguridad nos encontrábamos allá, a veces hasta entregábamos trabajos a los profesores allí. Ahora dudo que los nuevos sanmarquinos encuentren al CCPUCP como su segunda universidad.”

Fabricio Rebatta Gutiérrez fabriciorebatta@hotmail.com

“Mi aproximación a esa sala tiene dos caras. Una que renegaba de la incomodidad de sus butacas y de los constantes problemas de proyección; y la otra que me remitía a un añejo y tradicional cinema de antaño que agradezco haber podido conocer. Espero que la nueva filmoteca conserve su aire tradicional e intelectual, adaptándose a las novedades del cine contemporáneo.”

Sergio García Locatelli s_e_r_g_i_o@hotmail.com

“En el colegio pasaban una película italiana cuando un profesor faltaba. Un día me perdí la que, a juicio de todos, fue la mejor. Después me enteré que la iban a poner en la filmoteca. Averigüé qué micro me dejaba, me trepé y entré en el preciso instante en que las luces se apagaban. Allí vi Nos habíamos amado tanto, de Ettore Scola y, al igual que mis compañeros, salí con un nudo en la garganta. Desde ese día, cada vez que la ponen he ido a verla. Voto porque la sala de San Isidro sea parte de una estrategia descentralizadora y que no se abandone el viejo local. El problema que siempre se le achacó fue su poco estratégica ubicación. Pero, ¿no será que nosotros somos los poco estratégicamente ubicados para ver otro tipo de cine? Tenía su encanto eso de hacer expedición al museo.”

Giancarlo Cappello cappello@ec-red.com U. de Lima

“Lamento mucho que no se use la sala del museo de arte. Pienso que no hay que fugar del centro de Lima, por el contrario hay que hacer actividades para que vuelva a tener vitalidad, hay que abrir la cultura cinematográfica a las clases desfavorecidas, lo que se está haciendo con la mudanza es “pituquearla”. En el nuevo local los precios son más elevados y el público ha cambiado. Claro que la cafetería y los baños están lindos. El discreto encanto de la burguesía, diría Buñuel…”

René Weber W. renewebercine@hotmail.com

“La filmoteca anterior me enseñó todo lo que sé de cine. así de simple, sin exagerar. Toda la pasión por el cine, todo el amor que me nació en el colegio, a los 12, 13 años, tuvo su cultivo en la filmoteca. Recuerdo con mucha nostalgia las proyecciones llenísimas (con gente sentada en los pasillos). Nunca me molestó que esté en el centro de Lima”.

Josué Méndez josuemendez@hotmail.com

“Ir los domingos en la tarde dotaba de sentido a ese día tan banal. Recuerdo que mi pareja de entonces, que trabajaba ahí, me enseñó el tremendo proyector que tenía. Lamentablemente no llevé cámara fotográfica, pero ese momento lo tengo grabado. Para los que vivimos en el cono norte el camino hasta San Isidro o Miraflores es muy largo. Sé que para las personas que manejan La Católica el centro debe parecerles un infierno, pero a nosotros no. Además la nueva sala es ridícula por lo pequeña. Se llena demasiado pronto”.

Kike Lara quilara@hotmail.com

“Las ventajas del antiguo local son su atractivo arquitectónico, la posibilidad de visitar el Museo de Arte, dar un paseo por el Parque de Lima y definitivamente el ambiente de la sala, además de los precios, no sólo en las entradas, sino en los servicios. La desventaja, el tráfico, lo cual no es ajeno a toda la ciudad. Las ventajas del nuevo local, la seguridad del distrito, la modernidad. La desventaja, los altos precios de las funciones y de los servicios y la sensación de ir a la filmoteca como si se tratara de un multicine más”.

Hugo Valdez Navarro hugodetrujillo@hotmail.com

Publicado en la revista Butaca Sanmarquina, 2004.


[1] Isaac León fue director de la filmoteca durante los primeros 15 años. En julio de 2001, Norma Rivera asume el cargo –aunque en la práctica ya ejercía las funciones de dirección y coordinación– y León permanece como miembro consultivo.

[2] Palabras de un comunicador (y observador cercano de la administración de la filmoteca) cuya identidad preferimos mantener en reserva para evitar más conflictos.

[3] Francisco Adrianzén. “Filmoteca de Lima: ¿conservando y cambiando?”. Butaca Sanmarquina 18. Lima, 2003.

[4] La primera película se proyectó  el 24 de julio de 1986 (Dedée d’Anvers de Yves Allegret) y formó parte de un ciclo dedicado a la actriz alemana Simone Signoret. Le siguieron otros dedicados al director alemán Rudolf Tome y al norteamericano Raoul Walsh.

[5] Diario El Comercio, 31 de mayo de 2004.

[6] Diario Correo, 15 de setiembre de 2003.

[7] Isaac León Frías, entrevista del lunes 5 de julio de 2004.

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