El derecho de buscar el propio camino (Derecho de familia)

Si en El abrazo partido (2004) fue el encuentro con el padre lo que terminó de enmarcar la identidad de Ariel –personaje que con diferentes apellidos e historias, pero con la misma herencia judía (que esta vez se notó menos), ha recorrido la trilogía de Daniel Burman, desde la coproducción Esperando al Mesías (1999)–, en Derecho de familia es la pérdida de aquel lo que apresura su reflexión orientada a encontrarse un lugar en el mundo y a entender cómo es que tan pronto ha llegado a ser abogado esposo y padre, casi como pasar de una viñeta a otra en un cómic.

Y precisamente con viñetas apresuradas (que destacan un montaje impecable) y la neurótica locución en off de Ariel Perelman hijo, protagonizado por Daniel Hendler –el Ariel de las dos anteriores– es que va tejiendo un cuadro barroco con personajes detallados al extremo hasta detenerse al fin en un ahora inquieto, en un momento de incertidumbre en que deberá decidir si el derecho de familia le permite asumir un papel menos heredado (por similitud u oposición).

Pero quizás lo más importante para Burman son los vínculos –eso ya lo ha mostrado antes– y es justo allí donde no llega a convencer. Perfecta la dirección del hijo de Ariel, Gastón –su hijo en la vida real–, al igual que la de Perelman padre, pero los demás personajes se vieron como fragmentados. Sandra (Julieta Díaz), esposa de Ariel, aunque adorna no transmite ningún tipo de afecto. Falló el engranaje, la química. Esto, claro, le restó fuerza a la película, que quedó contenida –quizás por miedo al melodrama– y ajena (sólo se logra sentir en la medida en que se ha vivido algo parecido). Apenas adornada con toques de humor para agilizar el tedio de la descripción obsesiva. Aquí el acompañamiento de la música –entre juguetona y entrañable por los instrumentos que recuerdan el tango– es esencial.

El lazo con el padre, que se amplió bastante en El abrazo partido pasa aquí de soslayo, lo que provoca una sensación de incompletud, de un conflicto a medias, de falta de profundidad. Simplemente lo cuenta, lo describe, pero sin meterse en lugares demasiado complicados.

Lo interesante en esta película es, quizás, el fondo, la búsqueda de una identidad que ya no reniega del padre porque se está aprendiendo a ser uno, y de un destino que acepta “lo que ya es” (la carrera, la familia, el hábito) y, que sin embargo, no deja de cuestionar todo el tiempo (con asombro constante y casi inocente) lo ya impuesto, tal vez para convencerse a sí mismo de cuánto se es conciente en la construcción de ese futuro que sigue pasando (y que muchas veces no se entiende).

Aquí tienen mucho que ver los diálogos que combinan frases inteligentes con algunas menos ocurrentes y otras vacías, de relleno, pero que la mayor parte del tiempo llevan bien ese permanente cuestionamiento. Lo que fluye es la narrativa. Se diría que la película es un ensayo de cómo graficar ese texto en off bien contado pero que no siempre se traslada bien a los diálogos interactuados.

Otro acierto, para continuar ahora con la forma, es el montaje, prolijo –con planos detalle que bien pueden prescindir del texto narrado), y la elección de escenarios reconocibles, más cercanos a esa argentina cotidiana que “recorre tribunales” y cafés del centro de la ciudad, urbana y costumbrista, llena de personajes bien pincelados, arquetipos que aparecen para condimentar la historia, y que luego desaparecen como lo hacen de la “memoria descartable” que Perelman padre usa para los problemas de sus clientes.

Al final, aunque no existe un sólo puerto de llegada, Ariel comprende que el tiempo no tiene nada que ver con crecer y que “es mejor no insistir” en parecerse o diferenciarse de su padre –en un sentido amplio y figurado–, ni tampoco en que su hijo se le parezca, total, “que se parezca cuando quiera, si quiere”, después de todo “qué apuro tiene, qué apuro hay”.

Publicado en la revista Butaca Sanmarquina, 2006.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s