Cinemaperú: el cine en discusión

Sentados frente a sus ordenadores los miembros de Cinemaperú leen, se enteran, se motivan, responden, aprenden, enseñan, discuten, proponen, se equivocan, piden perdón, en otras palabras, interactúan a través de internet para elaborar el guión de una polémica: qué hacer con el cine nacional.

¿Qué se puede decir de un foro virtual sobre cine peruano? ¿Que no hace falta porque “no existe cine peruano” o que “la situación es tan crítica que es inútil una discusión sobre el tema”? Pues no. De inmediato, cineastas, productores, técnicos, docentes, congresistas, críticos, cinéfilos y espectadores defienden desde los teclados la importancia de Cinemaperú, una lista de interés sobre cine moderada por Rosa Sophía Rodríguez, una montadora peruana de telenovelas residente en España que con admirable iniciativa ha logrado derribar las fronteras imaginarias que separaban a generaciones, géneros y categorías de cineastas peruanos.

Después de recuperarse del susto que le ocasionaron las explosiones de Madrid el último 11 de marzo, la moderadora nos contó desde su piso —a pocos metros de Atocha— cómo apareció Cinemaperú: Fue en julio de 2002. Emilio Bustamante me comentó que la mayoría de los asistentes al I Congreso de Cinematografía en la Universidad de Lima fueron jóvenes profesionales y estudiantes, ávidos de información y conocimiento. En contraparte, los cineastas de experiencia eran casi invisibles. En ese momento yo participaba de una lista vinculada a los egresados de la EICTV. Pensé que sería sencillo y útil transmitir información a los profesionales emergentes del cine y del audiovisual en el Perú a través de un punto de encuentro virtual, usando las herramientas que nos daban las nuevas tecnologías con un presupuesto de 7€ al mes, que era la tarifa de mi servidor. Creo que fueron quince colegas residentes en el Perú y Europa a los que envié la invitación a manera de prueba. Les pareció interesante e invitaron a otros. Ahora me sorprende la participación de cineastas de mucha experiencia que han enriquecido extraordinariamente el debate. Me da mucha satisfacción cada vez que leo que algún muchacho ha obtenido una beca y se está capacitando en el exterior, cada vez que algún miembro de la lista gana un premio, cuando aparece algún cineasta peruano perdido en el extranjero o en alguna provincia, cuando dos o más integrantes de distintos países se juntan para desarrollar proyectos en común, cuando se hace democracia directa, cuando se organizan eventos y se crean organizaciones en el país.

Uno de los primeros miembros del grupo —ahora son casi 300—, el cineasta Francisco Adrianzén, enfatiza desde su computadora (seguramente cansado de repetirlo): No hay que ser muy zahorí para darse cuenta de la incomunicación existente entre la gente de cine. De allí la importancia de crear un puente “abierto a cinevideastas emergentes del Perú en todo el mundo”, frase con la que Rosa da la bienvenida a este enlace. Otros integrantes mencionan los alcances del foro: Palito Ortega, realizador ayacuchano: a falta de una organización sólida de cineastas y afines, como gremios o asociaciones, Cinemaperú llena ese vacío. Sin poder vernos las caras (lamentablemente) compartimos, discutimos, polemizamos ideas. Carlos Ñaupari, documentalista, lo malo de internet es que aun es un medio de uso casual para algunos, y esto puede hacer que la gente que integra la lista no se conozca o debata temas con la importancia debida. Christian Wiener, cineasta, la lista además permite compartir información de festivales, ayudas, becas, servicios que antes estaban restringidos a unos cuantos (es cierto que en internet existen muchos datos, pero se encuentran dispersos y muchas veces son de difícil acceso).

Algunos tienen una descripción romántica. Carlos Marín, videasta, creo que la lista es muy valiosa porque te ayuda a reconciliarte con tus proyectos personales y a mostrarte un amplio panorama de posibilidades para hacerlas realidad. Es pulso vital, corazón y cerebro del audiovisual peruano, pulso vital para saber su estado de salud, corazón para conocer sus apegos, sus apuestas y sus derroteros y cerebro para ayudar a tomar buenas decisiones y a hacer bien las cosas. Josué Méndez, cineasta, brinda la posibilidad de promover nuestros trabajos en otros lugares, de hacernos creer que es posible realizar cosas, motivarnos entre nosotros y ayudarnos. Isaac Risco, periodista, desde Berlín he podido empezar a hacerme una mejor idea del cine latinoamericano. Otros son más realistas. Gabriel Quispe, crítico, permite debatir los mecanismos legales y prácticos para un mayor desarrollo del cine peruano. Christian otra vez, el foro como espacio de comunicación democrática es muy importante, pero no debe sobrevalorarse ni mucho menos exigirle algo que no es, ni debe serlo, como sustituto de gremios o revistas de cine. Los debates tienen por objetivo aclarar ideas, proponer, confrontar incluso, pero eso no implica una resolución mágica de las cosas.

Como en toda organización grupal, siempre hay diferencias marcadas entre sus miembros a pesar de las inclinaciones comunes. En Cinemaperú no es diferente. Francisco lo confirma, hay muchos que leen y no opinan, sempiternos espectadores, otros que opinan sin leer y por supuesto están aquellos que ni leen, ni opinan. Y tal vez aquellos que opinan y no escuchan. Claro, algunos pocos que leen y opinan. Hay mucha gente joven, no toda por cierto, con mucho entusiasmo, poca experiencia y una comprensión amateur del cine, más preocupados por aspectos inmediatos antes que proyectos en el largo plazo. Pero esto es parte del desarrollo del grupo y tal vez lo que lo hace interesante. Más allá del mal peruano del temor al ridículo, hay muchos que no discuten porque equivocadamente piensan que no tienen experiencia o resulta una pérdida de tiempo, pero creo que el problema es otro: la incomprensión de que el cine en nuestros países es un largo proceso que necesariamente nos debe llevar a insertarlo en la vida y el debate nacional.

También es habitual que el tono de las conversaciones se eleve de vez en cuando, aunque a veces se tropiece con la intransigencia de algunos. La mayoría, sin embargo, entiende que es un proceso natural. Christian, hay que evitar los insultos y ataques personales, pero la pasión me parece legitima y necesaria, porque eso revela una verdadera identificación con la actividad y el futuro de los participantes. Al fin y al cabo, la heterogeneidad de la lista es la mejor prueba de la heterogeneidad de nuestro cine, para bien y para mal.

Es cierto, pero a pesar de esa pluralidad predomina una mentalidad poco optimista, que se aprecia en el concepto que cada uno tiene sobre el presente de nuestro cine. Aquí surge una duda, ¿o todos están acostumbrados a las expresiones apocalípticas o de verdad este oficio pasa por un momento muy crítico? Flor Preciado, productora, realmente muy crítico, muchas ganas pero ninguna inversión. Demasiado riesgo para un cineasta con una sola película en su haber. René Weber, director de cine, una ley de cine vigente que nunca tuvo el apoyo de los gobiernos de turno. Un proyecto de ley estancado en el Congreso. Pobreza creativa que se verifica en las producciones de los últimos años, salvo honrosas excepciones (Paloma de papel, El destino no tiene favoritos). Tendencia peligrosa hacia un cine “basura” (las cintas de Leonidas Zegarra, Baño de damas). Y el uso pretencioso y demagógico de las nuevas tecnologías con resultados catastróficos (Porka vida).

Carlos Marín no coincide del todo, hay mucha creatividad, no sólo para proponer historias sino para hacerlas realidad. Pero todavía no sabemos contarlas bien y tampoco tenemos con qué. Y Christian, además faltan historias del campo, del suburbio, del nativo, de la mujer, del gay, del negro, del campesino, es decir, falta que nuestra pantalla se tiña de diversidad cultural y refleje así lo que es el Perú. Palito, aunque el espectador común entiende muy poco el significado de un verdadero cine argumental, pues lo que busca es violencia, morbo, efectos alucinantes, y si no acepta las producciones nacionales se debe a varios factores como identidad, cultura de cine y falta de recursos por parte de los productores para montar una agresiva promoción publicitaria.Mientras no tengamos una ley que nos respalde no va a ver despegue como actividad industrial. Gabriel, sí pues, no hay condiciones favorables para producir, y algunos desperdician la hazaña de sacar adelante un proyecto perpetrando bodrios insufribles. Stefan Kaspar, distribuidor, el punto no resuelto del cine peruano (y latino) es su falta de comercialización, distribución y exhibición. Sin resolver este punto seguiremos en lo de siempre: algunas películas sueltas que se logran hacer ‘contra la lógica’ o ‘a pesar de todo’. Carlos Ñaupari, sobre todo cuando la cultura se somete a un impuesto ridículo e innecesario. Quizás podría hacerse algo mejor en el nivel de las universidades.Y Rosita, es verdad, no hemos formado líderes con capacidad de gestión en el cine desde hace más de veinte años, con herramientas para defender nuestro derecho a una cultura audiovisual. Sin éstos estamos perdidos. Otro problema radica en como entendemos nuestra actividad ¿es una profesión o un hobby? La imagen de nuestro cine en el exterior se reduce a Francisco Lombardi y al Encuentro de Cine de Lima. Lo demás no se nombra y lo que no se nombra no existe. Por último, está el MIEDO. Más que un problema, es una actitud ante la vida. Miedo a fallar, a ser descalificado ante la innovación, a herir susceptibilidades inexistentes, a ofender a superiores imaginarios, a mirarnos en un espejo, a reconocernos desde nuestra educación sentimental y emocional. Miedo que paraliza ante lo nuevo, negándonos la posibilidad de equivocarnos y por consiguiente de APRENDER.

Sólo una minoría es menos negativa. Rolando Jurado, fotógrafo, me parece que está creciendo y se hacen cosas cada vez más interesantes pero estamos lejísimos de lo que hacen siquiera los vecinos, sin embargo creo que está en buen camino. Francisco es más entusiasta, después de todo desde hace 30 años vivo del cine y espero seguirlo haciendo hasta que mis facultades me lo permitan. El hombre es un animal de costumbre. En el cine ocurre que la costumbre oculta una política de “libre mercado” sumamente restrictiva y por lo tanto poco competitiva. Cambiar una costumbre toma no años, sino generaciones, a veces inclusive con muy poco éxito, pero por algo hay que empezar. No soy de los que cree que la distribución cinematográfica no cambiará en el Perú, aún dentro de una economía de mercado; si tan sólo se respetara un juego limpio, muchas cosas cambiarían, pero, claro, hace falta la comprensión de los cineastas, del público y la participación activa y decidida de los gobiernos, tarea nada fácil, casi como hacer una película.

Coincido con Francisco en que podremos discutir semana tras semana y los progresos seguirán siendo lentos, no se verán en pocos años, pero hay que empezar por algo. Esperemos que esta lista de interés, fortalecida con la madurez de gente experimentada y el ímpetu de los más jóvenes, sea el hilo que conduzca a la madeja de un gran debate que engendre pronto resultados trascendentales.

Publicado en la revista Butaca Sanmarquina, 2004.

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